Página Principal
Página Principal Mapa del Sitio Resumen del Sitio Contactanos Suscribite a nuestro boletín informativo Página Principal
Buscar en el Sitio:  
www.rodolfowalsh.org > Opiniones









HERRAMIENTAS

 Versión para imprimir de: (La Muerte y Sucesión del Papa)

 Generar una versión PDF de: (La Muerte y Sucesión del Papa)

La Muerte y Sucesión del Papa
Por Hugo Presman
Publicado digitalmente: 15 de abril de 2005

Con el marco excepcional de la Plaza de San Pedro, con una concentración de masas que hubiera hecho empalidecer a una superproducción de Holywood, con un despliegue de medios que convirtieron a la muerte en una ceremonia pagana, con creyentes que solicitaban su santificación inmediata, con una policromía cinematográfica, se veló y enterró a Juan Pablo II. El muerto, con el rostro demacrado por su agonía final, vestido con las ropas acorde a su investidura, calzado con zapatos sin uso, fue exhibido en un escenario majestuoso. Entre la imagen crucificada de Cristo, desnudo, flagelado, descalzo, y la de su representante terrenal hay una espacio de tiempo de cerca de dos milenios y en la práctica cotidiana posiblemente una distancia mayor. El nacido en Belén murió sólo y pobre, asesinado por el poder, dejando un legado que, con el transcurso de tiempo, conquistó a más de mil millones de personas. Juan Pablo II fue llorado por multitudes y alabado por los poderosos, más cercanos a sus hechos prácticos que a sus mensajes sensibles.

Evaluación Histórica

Karol Wojtyla fue un actor frustrado, pero sus dotes histriónicas las puso al servicio de un proyecto político que lo convirtió en un protagonista fundamental de los últimos veintidós años del siglo XX y en el primer lustro del XXI. Llegaba desde su Polonia natal, como obispo de Cracovia, arrastrando las persecuciones religiosas del socialismo real. Accedía a un mundo donde el Ayatollah Komeini en Irán esbozaba una República Islámica y en Nicaragua los sandinistas tomaban el gobierno. En EE.UU los republicanos recomponían fuerzas y unos años más tarde accederían al poder con otro actor: Ronald Reagan. El Papa intervino favorablemente, en diciembre de 1978, evitando el delirio bélico entre las dos dictaduras criminales que asolaban a sus pueblos a ambos lados de la cordillera. Su viaje a Puebla en Méjico implicó terminar con el apoyo a la Teología de la Liberación. Su visita posterior a Polonia, en junio de 1979, implicó el inicio de la Santa Alianza contra el socialismo real. El sindicato Solidaridad recogió demandas reales y con una inserción social importante erosionó un sistema que años después implosionaría, al tiempo que fue solventado generosamente por la CIA.

Ronald Reagan, un protestante, se rodeo de católicos fanáticos en su cruzada anticomunista. William Casey, jefe de la CIA, Wernon Walters, otro fundamentalista católico, ministro plenipotenciario se dedicaban con un pragmatismo asombroso a tejer alianza con el “satanás” Komeini para financiar a los contras nicaragüenses dando lugar a un affaire famoso, Juan Pablo II bendecía y alentaba la política republicana. La Santa Alianza consistía en dejar anoréxico un régimen de contradicciones profundas mediante una superlativa carrera armamentista conocida como “La guerra de las galaxias”, Juan Pablo II usaba su poder espiritual para movilizar la religiosidad torpemente reprimida en Polonia.

El Kissinger de Ronald Reagan, Zbigniew Brzezinski de origen polaco, se acercó a Wojtyla a fines de 1980. El ex consejero de Defensa, Richard Allen llegó a afirmar que: la relación Reagan - Vaticano fue una de las alianzas secretas más grande de todos los tiempos. Los encuentros de Juan Pablo II con Casey y Walters se volvieron frecuentes, con abundante intercambio de información. Por eso resulta coherente inferir que cuando el turco Alí Agca cometió el atentado contra el Papa el 13 de mayo de 1981, detrás de él se encontraban los servicios secretos de Bulgaria y en última instancia de la Unión Soviética.

Estas alianzas extremadamente conservadoras, tuvieron su correlato en el círculo íntimo que acompañó al Papa polaco. Joseph Ratzinger se encargó de la Congregación de la Doctina de la Fe, una inquisición contemporánea. Cuando este teólogo germano llamo a comparecer a una figura emblemática de la Teología de la Liberación como el brasileño Leonardo Boff, lo hizo sentar en la misma silla donde fue juzgado Galileo Galilei. Su otro gran colaborador fue Angelo Sodano que fue Nuncio en Chile y gran amigo de Pinochet. De la oficina de prensa del Vaticano se hizo cargo el médico Joaquín Navarro Walls, un hombre del Opus Dei, sector que fue adquiriendo rápida preeminencia mientras se intervenía a la combativa Compañía de Jesús para aplacar a los díscolos. Entre los contactos con el gobierno norteamericano también se encontraba un viejo conocido de los argentinos, el nuncio Pío Laghi, aquel que entretenía sus ratos de ocio jugando al tenis con el Comandante Cero, el criminal Eduardo Emilio Massera.

Caído el Muro de Berlín y con el entronizamiento del “discurso único”, con el mercado ubicado en el altar económico como Dios, el Papa comenzó a realizar críticas al neoliberalismo y hasta encontró “semillas de verdad” en el comunismo. Mientras tenía gestos relevantes y fundamentales hacia las otras dos religiones moneteístas, la judía y la musulmana, su profundo conservadorismo alejaba a la gente de las iglesias al tiempo que movilizaba multitudes en cada uno de sus innumerables viajes. Se dio así una de las tantas paradojas del papado de Juan Pablo II: llenó plazas y vació iglesias.

Visitó dos veces a la Argentina. Una como una preparación espiritual antes la inminente derrota de Malvinas el 11 de junio de 1982. La otra en 1987, en donde no se privó de pronunciarse virulentamente en contra del divorcio.

Dio la bendición a los criminales de ambos lados de la cordillera, con el mismo entusiasmo con que después solicitó la libertad de Pinochet preso en Inglaterra. Apareció, años más tarde, en un balcón saludando al lado del carnicero trasandino. En ese aspecto hay un relato muy ejemplificador del escritor chileno Ariel Dorfman: “En abril de 1987....la juventud de Chile abrazó fervorosamente el mensaje de paz que el Supremo Pontífice trajo al país. De manera que cuando Juan Pablo II les preguntó en un excelente castellano, si renunciaban a los demonios de la avaricia, la respuesta fue un sí estrepitoso; y cuando los volvió a interpelar, si acaso estaban dispuestos a renunciar a los demonios de la violencia, el si que se escuchó fue aún más ensordecedor. Y fue entonces que el jefe de la Iglesia Católica se entusiasmó, puede haberse equivocado al no haberse dado cuenta de cómo habían sobrevivido la represión aquellos febriles adolescentes. Puesto que quiso saber si la multitud de jóvenes estaba pronta a renunciar a los demonios del sexo y sobre ese punto, tampoco hubo, según me cuentan, la menor vacilación. Desde adentro de los genitales y la sangre galopante de esos cien mil cuerpos, desde lo más profundo de las cien mil gargantas, se oyó un No irrevocable y categórico. No es extraña tan unánime respuesta. En una patria donde no tenían trabajo; donde el temor era su maestro y la educación, un desastre; donde el espacio público se mantenía el control de las fuerzas armadas rígidas y censurantes, esos jóvenes habían logrado amparar una zona íntima que podían llamar plenamente suya.....Y no estaban dispuestos a entregarle su canto de libertad a nadie. Ni a sus padres, ni a sus profesores, ni a su gobierno. Y tampoco, por mucho que lo idolatraran, al Papa.”

El Papa no extrajo las conclusiones obvias. Siguió con su discurso extremadamente conservador en las prácticas cotidianas. Mientras contribuía a cambiar el mapa político del planeta presentándose como el ala izquierda de la reacción conservadora, continuó con su cruzada relegando a la mujer a su papel subalterno, acentuó el cuestionado celibato sacerdotal, realizó campañas contra la distribución de preservativos en las décadas de surgimiento y apogeo del SIDA, denostó a las píldoras anticonceptivas, se opuso a la planificación familiar, a la educación sexual, a la libre opción sexual, al divorcio, y se negó polemizar sobre la despenalización del aborto. Abominó de aberraciones cometidas en el pasado por la Iglesia mientras mantenía silencio por el asesinato de monseñor Oscar Arnulfo Romero y esquivaba a las Madres de Plaza de Mayo. Adolfo Pérez Esquivel le acercó denuncias a través de la Iglesia Argentina que nunca llegaron a destino. Cuando se encontró con el Papa en el Vaticano, el Premio Nóbel le reclamó por los chicos secuestrados a sus padres desaparecidos. En forma destemplada el Papa le dijo que había que preocuparse por los presuntos chicos desaparecidos bajo el comunismo. Semanas después el Papa recogió los reclamos de Pérez Esquivel y los expuso en su Sermón dominical.

Según el sacerdote y teólogo suizo Hans Küng :“Juan Pablo II defendió los derechos humanos de puertas afuera pero de puertas adentro se los negó a los obispos, los teólogos y en especial las mujeres. Consecuencias: un episcopado servil y unas condiciones legales intolerables. Cualquier pastor, teólogo o laico que no se vea envuelto en un pleito con los altos tribunales eclesiásticos prácticamente no tenía ninguna posibilidad de ganarlo......Cuando todavía era arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla depositó toda su confianza en el Opus Dei, un movimiento económicamente poderoso e influyente, pero hermético y nada democrático, ayer vinculado a regímenes fascistas y hoy especialmente activo en el mundo de las finanzas”.

En materia económica, el Papa mantuvo silencio contra lo que pensaba hacer Juan Pablo I en sus escasos treinta y tres días de ejercicio, que era investigar la quiebra del Banco Ambrosiano (mil millones de dólares). Tampoco nunca se le oyó reflexionar sobre la sospechosa muerte de Roberto Calvi en junio de 1982, ni sobre la lamentable gestión del arzobispo Paúl Marcinkus al frente del IOR (Instituto de Obras de Obras Religiosas) en vinculación con el pontificio Banco Ambrosiano.

Juan Pablo II tuvo una actitud muy crítica contra la invasión norteamericana a Irak. Esa posición fue positiva y contrasta con la que tuvo en Nicaragua. El Papa sostuvo varias veces que ese país era su “segunda Polonia”. Según el relato del sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, Ministro del Gobierno de Daniel Ortega: “Después de todos los saludos de protocolo, incluyendo los de la guardia de honor y la bandera, el Papa le preguntó a Daniel que lo llevaba del brazo si podía saludar también a los ministros, y naturalmente le dijo que sí; y se dirigió a nosotros. Flanqueado por Daniel y el Cardenal Casaroli fue dando las manos a los ministros, y cuando se acercó hacia mí, hice lo que en ese caso había previsto hacer: quitarme reverentemente la boina, doblar la rodilla para besarle el anillo. No permitió que se lo besara y blandiendo el dedo como si fuera un bastón me dijo en tono de reproche: “Usted debe regularizar su situación” Como no contesté nada, volvió a repetir la brusca admonición, mientras enfocaban todas las cámaras del mundo... ...El pueblo le faltó el respeto al Papa, es verdad, pero es que el Papa le había faltado el respeto al pueblo. Primero las madres de los 17 muchachos muertos comenzaron a pedirle al Papa una oración por sus hijos (asesinados por los contra), y él no les hizo caso. Y después se acercaron al altar y empezaron a pedirlo a los gritos. Otros pedían una oración por la paz, y después eran muchos gritando ¡Queremos la paz!, lo que hizo que el Papa le respondiera a la multitud gritando: “La primera que quiere la paz es la Iglesia”. Más tarde, porque las protestas del pueblo iban creciendo, cogió el micrófono y gritó a todo pulmón:¡Silencio! A partir de entonces la falta de respeto fue total. El Papa quería decir las palabras de consagración, las del momento más solemne de la misa y no podía por las consignas que la multitud gritaba ¡Queremos la paz! y ¡No pasarán! Había también vivas al Frente Sandinista, mientras los miles de derecha que estaban en la parte delantera de la Plaza lanzaban vivas al Papa. ...Dos o tres veces más el Papa tuvo que volver a pedir silencio. Por primera vez en la historia moderna un Papa era humillado por la multitud. En los videos se lo ve desconcertado por lo que está pasando, y varias veces de muestra de vacilación ya que está a punto de dejar el altar. Al final de la misa, la bendición papal apenas la pudo hacer, y varias veces da muestras de vacilación ya que está a punto de dejar el altar. Al final de la misa, la bendición papal apenas la pudo hacer, después de iniciarla tres veces... En EE.UU el periódico católico Nacional Catholic Reporter, escribió que en Managua el Papa se había negado a hablar de paz como lo hizo en las otras naciones centroamericanas y la multitud se le enfrentó como lo había hecho San Pablo con el primer Papa. También hubo otros que señalaron que en las diferentes misas campales de Centroamérica el mensaje del Papa fue la paz, menos en Nicaragua donde era más necesario porque estaba enfrentando una guerra”

El Papa adoptó una posición justa reclamando por la existencia de un Estado Palestino, visitando el Muro de los Lamentos, entrando en una Mezquita en Siria o ingresando a la Sinagoga mayor de Roma, llamando a los judíos “los hermanos mayores en la fe”. Como evangelizador movió multitudes en sus frecuentes y exitosos viajes, pero no consiguió avanzar en la cristianización y muchos de sus seguidores terminaron engrosando religiones evangelistas o protestantes con mayor flexibilidad en todos los conceptos en los que la Iglesia atrasa.

De lo que ha quedado de las jornadas históricas protagonizadas por los obreros del Sindicato Solidaridad en el puerto de Gdansk, en Polonia da cuenta una crónica de la periodista Hinde Pomeraniec, en Clarín del 8 de abril: “Con los astilleros tampoco llegaron mejores tiempos. Privatización, libre mercado y competencia feroz llevaron a la cuna de Solidaridad a estar semiparalizada. En la muestra sobre la huelga, hay un stand donde se ven como dormían los obreros esos días. La metáfora son un mameluco y un casco arriba de telgopor, que servía como aislante. A un costado puede leerse: Termo Orgánica esponsorea esta muestra. El espíritu de los tiempos cambió”

El Penoso y Mediático final

El Papa estaba enfermo desde hacía mucho tiempo. El círculo que lo rodeaba lo siguió usando atrincherado en las posiciones ganadas. Karol Wojtyla a su vez, desde el sufrimiento, intentó expresar en un gesto dramático pero módico el martirio de la Vía Dolorosa. Todo frente a las cámaras, los medios y las multitudes crecientes.

La escritora italiana Rossana Rossanda lo expresó con precisión en el diario Il Manifiesto: “Ojalá la tierra sea para él más ligera de lo que fueron los medios. Juan Pablo II se apagó después de días de padecimientos mientras Italia se sumergía en un mar de palabras, imágenes robadas, indiscreciones. Un voyeurismo indecente. Las últimas fotografías de su rostro, desfigurado en el inútil intento de hablar a la multitud, se exhibió en las primeras páginas. Estaba quién lo anunciaba muerto, quien lo oía hablar en italiano y en alemán, quién lo consideraba en vigilia y quién en coma. Si hubiesen podido tener las cámaras a medio metro de su lecho y captar el audio del último suspiro, lo habrían hecho. Los obispos habituales de la TV no estaban rezando de rodillas, estaban en los estudios de la RAI o de Mediaset, invitando a que otros rezaran... ...A su funeral vinieron los grandes del mundo que ni siquiera soñaron con escucharlo cuando hablaba a favor de la paz y contra la riqueza... ...Ahora viene el tiempo de una reflexión sobre el Papado de Juan Pablo II. Entonces se podrá medir su aporte teológico, tal vez no tan relevante, su enseñanza ética, tal vez no tan innovadora, su peso político multiplicado por el hundimiento del comunismo, su rol no exento de sombras sobre la comunidad eclesiástica. Hay un día para vivir y un día para morir, dice el Antiguo Testamento. Que al menos éste sea dedicado al silencio”

Todo el patético espectáculo mediático revela el acierto del pensador francés Paul Virilio que en su libro “Ville Panique” sostiene: “Los medios se hacen cargo, no ya de la demanda de reflexión colectiva, sino de una demanda de emoción colectiva”.

Menos piadoso, y con una ironía descarnada, el escritor Juan José Millás escribió en el diario español “El País”, del 8 de abril: “Llevabas razón, madre, si te significas demasiado, al final te quedas más solo que la una. No volveré a hacerlo. Ahí van como muestra de mi arrepentimiento, estas líneas hondamente sentidas sobre el Papa: ha muerto un campeón de la libertad, un hombre que llevó a la Iglesia a cotas increíbles de democracia interna y que reconoció los derechos de los colectivos tradicionalmente perseguidos u olvidados, fueran pobres, mujeres, homosexuales o filatélicos (en el caso de que la filatelia sea una opción venérea que ahora no caigo)” Luego de pasar lapidariamente por las contradicciones papales concluye: “ No volveré a quedarme sólo. En el futuro repetiré lo que ordene la tele, aunque contradiga mi experiencia. Escribo estas líneas al sol de abril, en la terraza de una cafetería. Nadie, a mí alrededor, da muestras de haber sufrido una gran pérdida, pero debe ser un efecto óptico porque los telediarios hablan de un duelo universal, que afecta a todos y cada uno de los habitantes del planeta. Me rindo, mamá, y en este acto abomino del condón y me adhiero al discurso único”

El Condicionamiento de la Sucesión

La idea de santificar rápidamente a Juan Pablo II tiene como intención, más allá de lo cuestionable de la decisión, influir sobre la elección del sucesor. Si el muerto es un santo, nada mejor que el nuevo Papa surja de su círculo íntimo que ayudaron al Santo Padre a la eficacia de su misión terrenal. Eso potencia la figura del inquisidor Ratzinger y la permanencia de la influencia del Opus Dei en los círculos áulicos. Pero nunca hay que apresurarse en un lugar donde dicen merodea Dios. Tal vez el Espíritu Santo pueda hace milagros. En cualquier caso, está claro, que el ideario de Jesús hace mucho que está extraviado en el Vaticano.

Hugo Presman
13-04-2005

© Hugo Presman
Todos los derechos reservados
Para publicar citar la fuente
. Opiniones
. . Sobre Hamas y la islamizacion del Mundo Árabe
. . La Tiranía Mundial
. . Espíritus demoníacos
. . Un mundo inmundo
. . No alcanzó ni con dos líneas de cuatro
. Ir a la sección: Opiniones

Investigaciones Rodolfo Walsh