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HERRAMIENTAS

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¡Compañeros desaparecidos! ¡¡¡Presente!!!
Por José Luis Zamora
Publicado digitalmente: 19 de abril de 2005
Emociones vividas por el corresponsal de I.R.W. al conocer el fallo de la pena impuesta en España a Scilingo y el testimonio personal que dio por su amigo personal desaparecido en la última dictadura militar, Mario Galli.

Hoy, particularmente, fue uno de esos días en que las emociones se hicieron presentes como no muchas veces en la vida. En este caso emociones encontradas. Mas, emociones muy fuertes, al fin.

Al comienzo de la mañana, una plena satisfacción personal me embargó al escuchar por radio que, la Sección Tercera de lo Penal de la Audiencia Nacional, en España, había condenado a Adolfo Scilingo a 640 años de cárcel por delitos de lesa humanidad, detención ilegal y tortura, cometidos durante la última dictadura militar, ocurrida aquí, en Argentina entre 1976 y 1983.

Scilingo es el primer genocida y ex militar argentino, condenado fuera del país.

En concreto cumplirá, si llega vivo, 40 años de cárcel. Y no en una “cárcel de privilegio” como se “opera políticamente” aquí, sino en una cárcel común. Y eso es justamente lo que marca la gran diferencia.

Por un lado que haya sido condenado realmente y por otro, que no sea acreedor de ningún tipo de exenciones. No interesa que la pena impuesta a Scilingo es notoriamente menor de lo que pedía la fiscal Dolores Delgado (9.138 años de prisión) y las acusaciones populares y particulares (6.626 años de cárcel). No interesa que los 640 años de cárcel sean simbólicos y en la práctica correspondan los 40, ya que en España no existe la cadena perpetua. Lo fundamental es que se hizo justicia. Y en poco tiempo, el juicio había comenzado el 14 de enero.

Aquí existe cadena perpetua. ¿Hay algún militar genocida con esa condición de pena en la actualidad, después de reclamar justicia a la democracia que supimos conseguir, durante más de 20 años?

En la sentencia se conoció las torturas que se aplicaban en la ESMA. Que inclusive fue testigo del interrogatorio a una joven a la que se le aplicó picana eléctrica. Se comprobó - a pesar de negarlo cuando se vio perdido - su intervención en dos “vuelos de la muerte” en los que lanzó vivas y narcotizadas al mar a 30 personas. Se consideró probada su participación en al menos en un secuestro a mediados de 1977 y su conocimiento de los denominados “asados”, en los que se calcinaban los cuerpos de las personas que asesinaban los marinos en la escuela durante su cautiverio.

La lectura del fallo dicen que la escuchó impasible mientras el magistrado ponente de la sentencia, José Ricardo de Prada, la efectuaba. Y que en su último alegato, declaró: “No tengo nada que decir. Nada de lo que yo pueda decir cambiará nada”.
Ni siquiera un arrepentimiento final. Una disculpa, al menos, a tanto latrocinio de vidas inocentes. A tanta barbarie. A tanto desprecio por la vida de las personas.

Nada.

Como dijo alguien profiriendo en gritos luego de conocer la sentencia: “Asesino, púdrete!!!

Luego de conocer todo lo narrado, como dije, tuve la segunda emoción, al mediodía. Diferente por cierto. Tuve que hablar de un amigo de la infancia. Desaparecido. Ahí, fue una emoción embargada de tristeza.

Se llamaba Mario GALLI. Así, con mayúscula.

Desde el jardín de infantes y durante todo el colegio primario éramos casi inseparables.
Ya desde chico demostró en su carácter, firmeza y a la vez cierta madurez. A pesar de su corta edad.
Excelente alumno, magnífico amigo. No viene al caso hablar de las andanzas, será en otra oportunidad.
Si decir que la vida nos llevó por diferentes caminos al llegar la pubertad. Él, eligió ser marino. Yo no.
Siempre con las sotanas y los uniformes sentía una especie de animosidad. Y todavía me sigue sucediendo.

Pero él, no era Scilingo, era todo lo contrario. Fue un hombre, no un cobarde. Se rebeló ante todo lo que Scilingo no quiso mostrar arrepentimiento, ni culpas. Por eso fue perseguido sin tregua, como un animal acorralado. Por eso fue secuestrado, torturado y desaparecido junto a su mujer.

Hoy les decía a las dos chicas que me entrevistaban que, como escribió Rodolfo Walsh alguna vez a su hija Vicky por ser militante en la misma agrupación en la cual Mario también perteneció, al final de todo “el verdadero cementerio es la memoria”.

Por eso Mario, volviendo a parafrasear a Rodolfo, te digo: “Te guardo, te celebro y quizás te envidio”, amigo mío.

Hoy, lejos, en España, se gritó: “¡Compañeros desaparecidos!” - “¡¡¡PRESENTE!!!”.

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