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HERRAMIENTAS

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Area de Recursos Energéticos y Planificación para el Desarrollo - IDICSO
Los ejes energético e hidrográfico de la integración regional sudamericana
Por Gustavo Lahoud
Publicado digitalmente: 25 de abril de 2005

TABLA DE CONTENIDOS 1. Los dos caminos para una integración regional sudamericana

2. El eje hidrográfico de la integración: el desarrollo endógeno de SudaméricaInformes publicados por el Lic. Gustavo Lahoud, 2003-2005

1. Los dos caminos para una integración regional sudamericana

Cuando se piensa en la Integración sudamericana resurgen, de manera espontánea y permanente, un conjunto de ideas, valores, creencias y percepciones que históricamente han jalonado el devenir político-social, económico y cultural de los pueblos sudamericanos y que desembocaron en un rico y contradictorio proceso repleto de debates, contradicciones doctrinarias, ideológicas y principistas sobre la mejor forma de organizar un proyecto de Integración que permitiera convertir en realidad los sueños de aquellos grandes hombres de Hispanoamérica, Simón Bolívar y José de San Martín.

Ciertamente, las luchas por la independencia permitieron reificar el sustrato básico y perpetuo de la unidad de los pueblos hispanoamericanos, cuya organización, ya desde los tiempos del Imperio de los Habsburgo, reconocía una matriz fundamentalmente unívoca, sustentada en un idioma, una religión, un tipo de comunidad transformada por el fenómeno estructural del mestizaje como proceso social y antropológico y un conjunto de percepciones sobre los intereses y los valores en juego que aparecían como comunes al espacio geográfico hispanoamericano, lo cual le brindaba a nuestras comunidades ese originalidad como unidad política ante los poderes fácticos del mundo del Siglo XIX.

Obviamente, explicar este proceso tan rico y dinámico excede el objetivo del presente trabajo, pero resulta estratégicamente necesario que los sudamericanos tengamos en cuenta que, a fin de afrontar de manera prístina y meridiana un desafío por la construcción de un proyecto de Integración común, debemos volver permanentemente a nuestra historia común, desde la fatigosa y extenuante consolidación del proceso emancipador hasta los procesos políticos que habrán de enfrentar a facciones liberales y conservadoras en momentos críticos de nuestras comunidades para cuya comprensión es particularmente necesario entender el contexto externo, los proyectos de inserción en los mercados internacionales liderados por los núcleos de poder dominante con su centro gravitacional en oligarquías cerradas y excluyentes y los posteriores desafíos que estarán marcados por la ascendencia e irrupción de las masas obreras y campesinas en los distintos contextos socio-históricos de nuestras naciones durante el siglo XX.

En verdad, es hacia las primeras décadas del pasado siglo cuando surgen- en varios de los países sudamericanos-, un conjunto de ideas y proyectos enmarcados en toda una corriente de pensamiento político que intenta ser original pensando la situación de los pueblos sudamericanos desde un lugar situado, propio, en definitiva, no colonizado1. Algunas de las vertientes más brillantes de ese pensamiento han encontrado, en la planificación geopolítica y geoestratégica del crecimiento, el desarrollo y el uso racional e integrado de los vastísimos recursos naturales que tiene nuestro continente sudamericano,uno de los capìtulos màs importante que ha crecido de la mano de la consolidación de los movimientos nacionales y populares que han atravesado la historia polìtica, social, econòmica y cultural de Sudamèrica en los ùltimos 70 años. Asimismo, esa reflexiòn estaba acompañada, necesariamente, de una acciòn polìtica que reconocìa, como dato estructural de la regiòn, la extrema vulnerabilidad socio-econòmica y polìtica acicateada por un vìnculo profundamente dependiente con los paìses centrales del sistema internacional.

Por ende, el intento de encontrar soluciones que reclamaban para sì la capacidad de autoafirmación de un poder soberano y la posibilidad de disponer del los instrumentos adecuados para consolidar un desarrollo autònomo de los paìses de la regiòn, iba de la mano de la profundizaciòn de las ideas de integración polìtica y econòmica del continente sudamericano.

En este sentido, es importante remarcar que, de todo ese cuerpo de experiencias, ideas y proyectos truncos, hay dos grandes lìneas o dimensiones- que son autènticos caminos estratègicos para la regiòn- que han estructurado la factibilidad de un proyecto de coordinación y cooperación polìtica y econòmica sustentable y, a la vez, fundante para los pueblos de las naciones sudamericanas.

Estos caminos de la integración son, por un lado, la integración energètica del espacio geoeconòmico sudamericano y, por el otro, la integración de las cuencas hìdricas del rico y caudaloso patrimonio hidrogràfico de Sudamèrica. En este sentido, intentaremos hacer un esbozo de la segunda lìnea de pensamiento y acciòn polìticos, ya que la misma, si bien ha reconocido un desarrollo conceptual-formal y material desde disciplinas como la geografía y la geopolìtica desde hace ya unos 60 años, jamàs ha tenido una difusión masiva como idea-fuerza y menos aun como propuesta técnicamente factible de ser llevada a cabo por las administraciones nacionales sudamericanas. Por ende, trataremos de echar luz sobre algunas raìces històricas de esta propuesta, quiènes fueron sus impulsores y nos preguntaremos, finalmente, si un proyecto de estas caracterìsticas- por su ambición y potencialidad- es factible y puede llevarse a acto.

Ciertamente, la cuestión energética està cada vez màs asociada a la acuciante escasez de recursos hidrocarburíferos no renovables. En este sentido, una matriz energética hoy dominada por el petróleo y el gas como fuentes primarias de energía en la mayoría de los países de la región, plantea un gran dilema que podrá leerse en el mediano plazo en términos de mayor vulnerabilidad estratégica, estrangulamiento del crecimiento económico y crisis político-sociales recurrentes. Aquí surge, entonces, la discusión por la viabilidad tecno-productiva de fuentes alternativas de producción de energía (hidroelectricidad, nuclear, biocombustibles, eólica, solar, mareomotriz, etc.).

Obviamente, en todo proyecto viable de integración energètica, este aspecto de la realidad estratègica y geopolìtica asì planteada es, sin dudas, uno de los factores a tener en cuenta de manera prioritaria en cualquier planificación de recursos a futuro, ya que, en realidad, la cuestión del agotamiento creciente de las fuentes de energìa primarias constituidas por el gas y el petróleo, sumado a las necesidades cada vez màs acuciantes de una inteligente y pautada planificación de sustentabilidad medioambiental en la explotaciòn de los recursos y a un criterio de racionalidad econòmica en el uso de los mismos en funciòn del referido agotamiento, constituyen aspectos diferentes pero interrelacionados de la misma problemàtica integral de control y manejo de los bienes energèticos.

Por otra parte, el denominado Plan Puebla-Panamá (PPP), es una de las fundamentales iniciativas estratégicas que los EE.UU. están desarrollando en la región mesoamericana, siendo México el país que recibiría la mayor cantidad de inversiones en el marco de este plan. Efectivamente, el periodista Braulio Moro afirma que “Esta región constituye una apuesta de capital importancia, si se tiene en cuenta su ubicación estratégica y sus recursos: dos océanos, extensas costas, gran variedad de suelos, vastos bosques, rica biodiversidad, enorme presencia de agua, yacimientos de minerales e hidrocarburos. Sólo la porción mexicana del PPP alberga el 65% de las reservas petroleras del país (noveno productor mundial) y provee el 94% de la producción actual así como el 54% de la de gas.”2 Justamente, lo que me importa marcar, a la luz de algunos de los indicadores considerados en la teoría sobre el uso racional de los recursos no renovables, es el impacto particularmente regresivo y pernicioso que ha tenido un tipo de explotación predatoria de los recursos no sólo sobre la misma posibilidad de “renovación” del bien natural, sino sobre el conjunto de la economía, generando externalidades negativas que se han manifestado tanto a nivel ambiental como a nivel social y productivo. Entonces, hay por lo menos dos factores de la teoría referida que han de ser identificados en función de encarar una explotación económica sostenible del recurso. Ellos son, por un lado, la distribución intergeneracional del uso del recurso, lo cual significa pautar un sendero de explotación del mismo y la constitución de fondos de ahorro para garantizar consumos estables a las futuras generaciones. El otro, es la distribución intertemporal del uso del recurso y la previsión de constituir ahorros precautorios ante posibles futuras caídas de rentabilidad y para amortiguar la volatilidad del precio internacional, teniendo en cuenta que la Argentina no es un formador de precio en este mercado.3

Es decir, desde mi óptica hace a la Defensa nacional la efectiva regulación y, más aun, participación concreta del Estado como actor económico en un área en la que se trabaja con activos “...cuya explotación está sujeta a una decisión intertemporal de uso. Esto significa que si el gobierno limita su explotación en determinado año, por ejemplo, ello no impide que al año siguiente se lo haga. La decisión de hacerlo hoy o mañana en realidad depende de como se ponderen las funciones de utilidad de la presente y futura generación, pues el recurso es agotable (‘no reproducible’) y, por lo tanto, que se lo aproveche hoy significará no poder aprovecharlo mañana y viceversa.”4 Ahora, ¿qué pasa con la propiedad del suelo y subsuelo de donde se extraen los recursos?; con la Reforma Constitucional de 1994 5, el dominio sobre los recursos hidrocarburíferos se ha traspasado a las provincias y, aunque el gobierno nacional estaría en condiciones de hacer valer su poder regulatorio, lejos ha estado de responder favorablemente a estas prerrogativas. A su vez, se han transferido, consecuentemente, los pagos de regalías obtenidos por la explotación de los bienes aludidos. En definitiva, el Estado se ha retirado efectivamente, renunciando a toda tarea de control de policía sobre un mercado de características oligopólicas. La pervivencia de esta situación, entraña un grave riesgo en términos de la reconstitución de un poder nacional que recupere capacidad de planificación económica sobre sus bienes naturales. Esto entraña una clara preocupación que la leo en clave de amenaza a nuestra seguridad como comunidad.

Ahora bien, tal como destaca Andrea Castellano, “La disponibilidad de este tipo de recursos, la magnitud de los stocks y el horizonte temporal de su explotación están estrechamente vinculados al progreso científico y tecnológico”.6 Justamente, a pesar de que se ha incorporado tecnología para abaratar el proceso productivo, ello no ha redundado en plazos menos perentorios de agotamiento del activo, ya que, entre otras cosas, la Argentina es un exportador neto de hidrocarburos. Más aun teniendo en cuenta que “Los recursos naturales son alcanzados por el principio económico fundamental: la escasez, razón por la cual se justifica la incorporación del análisis económico a las decisiones a cerca de su utilización y disponibilidad”.7 Tal como señala Daniel Aspiazu, con la privatización de YPF, el Estado transfirió espacios de apropiación de renta de recursos de carácter no renovable, como el gas y el petróleo. Es más, durante los ’90. “...la producción se incrementó casi un 80%, pero mayoritariamente para la exportación (pasaron de ser el 2.5% de la producción en 1990 a 36.7% en 2001). La relación reservas/producción pasó de 13 (en 1990) a 9.8 años en 2001.”8 Ciertamente, estos datos terminan de confirmar una situación de grave vulnerabilidad no solo económica, sin, fundamentalmente, política.

Finalmente, veamos un ejemplo concreto y alarmante: el yacimiento Loma de La Lata, en Neuquen, que es la cuenca gasífera más grande del país, con una extensión de 36.000 hectáreas. Las consecuencias de la explotación del gas y del petróleo han sido desastrosas en términos medioambientales y humanos, afectando gravemente a las comunidades mapuches de la región. Aquí han aparecido varios elementos nuevamente: la superexplotación del recurso con la consecuente insostenibilidad ambiental, la cuestión de la propiedad de la tierra, la ausencia de regulación y, lo que es más grave, la extensión de los plazos de concesión a la empresa Repsol-YPF por parte de la provincia de Neuquén.9

Teniendo en cuenta todos estos datos sobre la Argentina y Amèrica Latina en general, es evidente la imperiosa necesidad de instalar muy fuertemente en el debate pùblico de las naciones sudamericanas y en las conciencias de nuestros pueblos, la lucha por la recuperaciòn de una concepción integral de defensa comùn de los bienes energèticos de la regiòn, haciendo realidad los anhelos de integración energètica sudamericana, que es uno de los ejes y/o caminos cuyo trasiego deber ser encarado por los paìses de la regiòn.

En verdad, la aludida conciencia popular en torno a la necesidad de saber què hacer con estas enormes fuentes de riqueza natural, existe en los registros de la memoria històrica 10 de nuestros pueblos, aunque ha sido recièn en las primeras dècadas del siglo XX cuando una serie de movimientos populares-nacionales en Sudamèrica reclamaron para sì el derecho soberano a disponer recionalmente de sus recursos con la finalidad de propender a su desarrollo industrial, socio-econòmico y simbòlico-cultural. Es decir, el eje de la integración energètica asume hoy una fundamentaciòn integral, ya que en su dinàmica de planificación, ejecución y consolidación como proceso estàn presentes de manera estructural los patrones culturales, econòmicos, sociales y polìticos que hacen a los pueblos sudamericanos una unidad viva, dinàmica, plural y, por sobre todas las cosas, polìtica.

Tal como sostiene el canciller venezolano Alì Rodríguez- ex Presidente de PDVSA-, “...en el caso de Amèrica Latina...nuestros paìses conquistaron su independencia polìtica en el siglo XIX. Eso no habìa ocurrido con otros paìses, y permitiò que aquì se desarrollara mucho la conciencia sobre la propiedad del petróleo como recurso natural. En todas las legislaciones del mundo ha venido prevaleciendo el principio de que son los Estados los propietarios de sus recursos naturales.”11

Ciertamente, es indudable que los Estados12 deben ser los principales agentes promotores de un proceso de integración energètica que pueda poner, definitivamente, una baza estratègica sobre mercados oligopòlicos y con creciente tendencia a la concentración de la propiedad de los bienes naturales en unas pocas manos, proceso èste que hasido funcional a la tendencia desintegradora y polarizante instaurada por un modelo econòmico de matriz extractiva y expoliadora.

2. El eje hidrográfico de la integración: el desarrollo endógeno de Sudamérica

El segundo eje estratègico sobre el cual puede plantearse una reconfiguraciòn radical y estructural del propio espacio geogràfico sudamericano, es el hidrogràfico. Existe una larga tradición-que se remonta a las primeras dècadas del siglo XX en toda Sudamèrica- de estudios geofìsicos y geomorfológicos, hidrològicos e hidráulicos que tenìan como principal objetivo la consolidación de un esquema de aprovechamiento integral de los rìos interiores del continente sudamericano en funciòn de las necesidades cada vez màs acuciantes de un desarrollo econòmico-social que iba incorporando màs ciudadanos en un proceso expansivo que era a la vez polìtico-electoral, econòmico-social y axiològicocultural.

En un sugerente trabajo sobre la Integración Iberoamericana13 publicado por la FundaciÓn Schiller, se afirma la necesidad estratègica de contar con un sistema de comunicación hidrogràfica interna que permita viabilizar el desarrollo econòmico a travès de los rìos como agentes potencializadores de un crecimiento sostenido. En tal sentido, en la mencionada obra, se afirma que “ Lo que se necesita con urgencia para lograr la integración fìsica de Iberoamèrica es unir las redes fluviales de los rìos Orinoco, Amazonas y La Plata, con lo que se crearà una sola ruta hidràulica navegable, que conectarà directamente a todas las naciones sudamericanas, con la sola excepción de Chile.”14

La posibilidad de estructurar una red ùnica de navegación fluvial y marìtima reconocìa ya antecedentes tècnicos que se remontaban, incluso, al año 1840. De hecho, la mayor parte de la regiòn sudamericana surcada por sus rìos interiores tiene excelentes condiciones de desarrollo de una ruta de navegabilidad articulada que permita brindar una soluciòn màs que eficiente y racional al problema estructural del crecimiento econòmico desintegrado y desarticulado, que es el que ha caracterizado a las economìas de la regiòn en los ùltimos 30 años. De hecho, “ El 68 por ciento (6.800 kilòmetros) de una ruta directa total de 10.000 kilòmetros de Ciudad Guayana, Venezuela, a Buenos Aires, Argentina, ya es navegable para barcos o barcazas de hasta 6 metros de calado. Otro 28 por ciento ( 2.839 kilòmetros)requiere obras hidráulicas relativamente menores, como dragado superficial y ampliación y profundizaciòn de canales, para hacerse igualmente navegables. Los problemas de importancia que merecen nuestra atención se localizan en un trecho de pocos cientos de kilómetros, donde se requeriràn grandes obras de infraestuctura para hacer navegable la ruta entera.”15 Por otra parte, en la Argentina han existido investigaciones en ingenierìa hidràulica que han confirmado la posibilidad de hacer factible la construcción de un gran canal sudamericano, proyecto èste que fue, incluso, presentado para su estudio y consideración polìtico-estrate`gica, por el entonces diputado de la Uniòn Cìvica Radical, Gabriel del Mazo.16 Es notable la riqueza de la información que està expuesta en los fundamentos dados en ese particular momento històrico por el entonces diputado Del Mazo. En efecto, afirma que en la reuniòn de la Conferencia Regional de los Paìses del Plata, que tuvo lugar en Montevideo en 1941, surgiò una recomendación especial para los paìses participantes a fin de que se profundicen “...los estudios ya existentes sobre la posible conexión de los tres grandes sistemas hidrogràficos de la Amèrica del Sur: el Plata, el Amazonas y el Orinoco. La resoluciòn fue propuesta por la delegaciòn argentina, teniendo en cuenta la extraordinaria importancia del sistema fluvial del Plata y considerando tambièn que el desarrollo integral del continente ha de requerir la vinculaciòn de este sistema a las otras dos grandes cuencas.”17 En estas argumentaciones, que son textuales de los fundamentos del proyecto presentado, se esbozaban, por lo menos de manera inicial, los objetivos a los que semejante obra de ingenierìa hìdrica podrìa coadyuvar en una regiòn en la que ya comenzaban a escucharse voces cada vez màs claras en pos de construir un gran esquema de integración continental que uniera fìsicamente a las naciones sudamericanas, que las dotara de nuevos centros de transporte y comunicaciones que permitieran conectar productivamente el interior profundo de los pueblos sudamericanos y que, por sobre todas las cosas, generara una corriente de opinión favorable a la puesta en marcha de un modelo econòmico industrial, mercadointernista, endògenamente sustentado y que vinculara las necesidades de desarrollo de todos los paìses de la regiòn. En efecto, no se trataba de privilegiar la instauración de un modelo de desarrollo econòmico que hiciera viable el espacio territorial de una o varias naciones, o de una franja de geografía particularmente productiva por sus caracterìsticas naturales, sino que, en realidad, lo que habìa detràs de un proyecto de Canal sudamericano, era el cambio radical, profundo y estructural en los patrones de organización del espacio geoeconòmico de nuestros paìses, que, a partir de estas propuestas, pasaban a privilegiar un esquema de desarrollo integral del enorme hinterland sudamericano-cuyo corazòn hidrogràfico està conformado por el sistema Orinoco-Amazonas-Del Plata- con las propias implicancias que el mismo tendrìa sobre las caracterìsticas socio-demogràficas del interior del continente, ya que sus patrones de poblamiento y ocupación territorial cambiarìan radicalmente a partir de la dinàmica impuesta por un modelo autocentrado y endògeno.

Reforzando estos criterios, en el citado proyecto se afirmaba que “Se trata de habilitar una nueva gran vìa para el trànsito de hombres y mercaderìas multiplicando los vìnculos humanos y abriendo las perspectivas de nuevos centros de consumo y de transformación de materias primas. La idea tiene en cuenta la ingente riqueza continental inmóvil y la indiscutible importancia de la red de canales naturales sudamericanos.”18

Asimismo, otros de los aspectos que fueron considerados con meridiana claridad en ese momento històrico, son los relacionados a las potencialidades que estos sistemas podìan generar para la facilitaciòn de la navegación y para el logro de una màs eficiente y ràpida comunicación intrarregional en Sudamèrica. En verdad, los rìos y el enorme territorio tributario de su riqueza hidrològica, constituyen, en efecto, un verdadero sistema econòmico natural al que es necesario articular fìsicamente en pos de lograr los objetivos antes mencionados. Es màs, la V Convenciòn de la Uniòn Sudamericana de Asociaciones de Ingenieros (USAI), QUE SE REUNIÒN EN Montevideo en marzo de 1947, recomendò el màximo desarrollo posible- a travès del trabajo de comisiones tècnicas mixtas a establecerse entre los paìses- de los medios de comunicación de todo gènero, ya sea vila, ferroviario, fluvial o aèreo. A su vez, se marcaba que hay grandes sistemas hidrogràficos como el Amazonas, el Orinoco, el Paranà, el Uruguay o el Lago Titicaca que, ademàs de vincular varios paìses, constituìan autènticas arterias de comunicación que, convenientemente canalizadas y conectadas podrìan provocar un efecto impulsor extraordinario sobre el comercio intrarregional y sobre las mismas capacidades productivas de las distintas regiones que, como tales, entrarìan en una dinàmica creciente de integración econòmica-comercial desde patrones de crecimiento y desarrollo que privilegiaran las necesidades de la complementaciòn y asociación de las actividades econòmicas concernidas en el gran espacio geoeconòmico.19

Es altamente ilustrativo analizar un ejemplo concreto de posible vinculaciòn de los sistemas del Plata y del Amazonas, cuestión èsta que ya habìa sido analizada desde principios del siglo XX en Brasil y de cuya existencia da debida cuenta el ya citado diputado Del Mazo. Dice, “No solamente por el Tapajoz, sino por el Madeira es viable la comunicación del Amazonas con el Plata, por medio del Paraguay y del Paranà...Sea una u otra la vìa escogida, la del Tapajoz o la del Madeira, son relativamente tan favorables las condiciones de navegabilidad de los rìos que, sin mengua del abordamiento integral de las obras, bastarìa con salvar con canalizaciones laterales las zonas de correderas y cavar en la tierra cortos canales en los enlaces finales, para que el Plata y el Amazonas quedaran ligados por una ruta prácticamente en toda su longitud por embarcaciones de adecuado calado.20

Por otra parte, “ El sistema del Orinoco, guarda semejanza con el Plata en cuanto a su funciòn econòmica y polìtica. Asì la uniòn territorial entre Colombia y Venezuela se articula por los rìos afluentes de aquel gran padre fluvial. Casi toda la vida de los llanos colombianos, casi inexplorados aùn, se vuelca por el Guariare y el Meta, y por esos rìos y el Orinoco alcanza pronto el Atlàntico, a travès del territorio venezolano, cruzando esas dilatadas y ricas comarcas. Las condiciones de vida de aquellos paìses y los intereses que de ellas se derivan, responderàn cada vez màs al influjo unificador del Orinoco operando bajo la constante atracción de las bocas de su delta.”21 Ciertamente, lo que està detràs de esta maravillosa idea, ha significado, en el pensamiento polìtico venezolano, un punto de debate y discusión permanente, que estaba relacionado con el mismo proceso de formación nacional venezolano, segùn el cual la civilización venezolana y la vida polìtiainstitucional y econòmica del paìs debiò haberse proyectado y realizado alrededor de las màrgenes del rìo Orinoco, y no en torno al valle de Caracas. Este tipo de discusiones entroncan con la necesidad estratègica que hoy tenemos los latinoamericanos de vincular un nuevo modelo integracionista e incluyente de desarrollo con nuestro espacio geogràfico, desde una visiòn geopolìtica en tèrminos de la importancia geoestratègica que nuestro patrimonio- tanto hidrogràfico como orogràfico- tiene en funciòn de propender a ese desarrollo.

En orden a todo ello, es fundamental que se tome conciencia sobre las potencialidades del aprovechamiento hidràulico en Sudamèrica. En el citado trabajo de la Fundaciòn Schiller, se informa que “El agua es uno de los mayores recursos que tiene Iberoamèrica. Esta regiòn, habitada por el 8 por ciento de la población mundial, cuenta con el 15 por ciento del territorio total del planeta,y con un porcentaje similar de la tierra cultivable. Pero la disponibilidad de agua es mucho mayor que la de cualquier otra regiòn del mundo, ya que el 28 por ciento del escurrimiento mundial de agua corre por los rìos de Iberoamèrica.

La cantidad de agua por hectárea es casi el doble del promedio mundial, y 3.5 veces màs grande que el promedio mundial per càpita.”22 Estos datos son, sin dudas, estratègicos para el futuro de la regiòn, pero deben ser estudiados, sistematizados y aprovechados en proyectos concretos, ya que “...buena parte de toda esa agua es actualmente inutilizabe, ya que corre sin provecho hasta el mar por el sistema fluvial amazònico, o por la cuenca del Paranà hasta el Rìo de la Plata...No obstante la omnipresencia del agua en el continente, en muchas partes de Iberoamèrica se sufre severa escasez, mientras que en otras hay demasiada agua; tal es el caso de grandes pociones del norte de Argentina, la cuenca del Magdalena en el norte de Colombia, el sureste de Mèxico y partes del Barsil.”23

En verdad, estamos, entonces, ante un problema que tiene aristas varias: subutilizaciòn del recurso, mala distribuciòn del mismo, aprovechamiento irracional sin fines integradores de regiones productivas al interior de los paìses de la regiòn y, fundamentalmente,inexistencia de planificación estratègica en relaciòn al uso racional, sutentable y adecuado de los recursos acuìferos. Buen momento para empezar a pensar la cuestión del agua estratégicamente, vinculàndola con nuestro desarrollo integral, con base regional, descentralizada territorialmente, pero unificada en tèrminos de una planificación centralizada que responda a las necesidades de la integración fìsica del continente.

En efecto, en los EE.UU., con el proyecto del Mississippi y el extraordinario desarrollo productivo que se generò en torno a su sistema hidrogràfico, el hombre ha dado muestras de las enormes posibilidades que surgen para las actividades econòmicas y para el consecuente mejoramiento de los niveles de vida de la población, cuando se toma conciencia de la necesidad de aprovechar integralmente el entorno geogràfico a fin de armonizarlo con las polìticas pùblicas encaminadas a profundizar el crecimiento y el desarrollo econòmico mediante la profundizaciòn de vìnculos comerciales viabilizados a travès de una mejor y màs eficiente comunicación fluvial interna y una proyecciòn marìtima consolidada a partir de una red de puertos que facilitan la salida exportadora de la producción obtenida en toda la regiòn.

La pregunta es, entonces, ¿ por què no podemos, los sudamericanos, plantearnos una posibilidad parecida con nuestros rìos, dada la potencialidad que- por lo que hemos vistotienen en funciòn de cambiar radicalmente la estructura básicamente dependiente y extractiva de nuestra economía y de nuestros recursos?. Serìa, pues, una reafirmaciòn de nuestra soberanìa, entendida como autoridad y proyecciòn autonòmica.

Finalmente, tomamos una afirmación de Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno, quienes en una nota sobre la integración en Sudamèrica, reflexionaban sobre estas cuestiones.

Decìan que “EL ejercicio de la soberanìa requiere por su parte la ocupación plena y efectiva del territorio, para lo cual es indispensable una red de comunicaciones y transportes. En Sudamèrica existen enormes espacios vacìos que pueden ponerse en producción; en varios casos, ya se ejecutaron obras con criterios nacionales, que serìa necesario interconectar. Con un enfoque sudamericano el entonces presidente de Brasil Fernando Enrique Cardoso convocò a una reuniòn de presidentes, realizada en Brasilia en agosto-setiembre de 2000, para elaborar un programa de obras de infraestructura. El programa serà ejecutado por el ente interestatal Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), con el apoyo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Coprporaciòn Andina de Fomento (CAF) y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA)”.24

En el marco de estos proyectos, que son mùltiples e integrales ya que abarcan la cuestión energètica, hidrogràfica e infraestructural, “Se han establecido doce ejes de integración y desarrollo, de los cuales cinco son relevantes para el bloque Argentina-Brasil-Venezuela: primero el eje MERCOSUR (San Pablo-Montevideo-Buenos Aires-Santiago); segundo, el eje Venezuela-Brasil; tercero, el eje multimodal Orinoco-Amazonas-Plata; cuarto, el eje marìtimo del Atlàntico; quinto, el eje Porto Alegre-Jujuy-Antofagasta.”25

Es el tercer eje, el que vincula los sistemas hidrogràficos de los tres grandes rìos de Sudamèrica, el que nos preocupa específicamente en funciòn del proyecto de integración acuìfera al que hemos aludido. Es bueno que estè planeado y es esperable que, en el marco de la Uniòn Sudamericana, se pueda empezar a proyectar materialmente, sobre la base de pasos sòlidos y certeros hacia la Integración Sudamericana.

Informes publicados por el Lic. Gustavo Lahoud, 2003-2005 • Una aproximación teórica a la soberanía energética e integración regional sudamericana (2005). • Los ejes energético e hidrográfico de la integración regional sudamericana (2005). • Lavagna y los fantasmas de la tecnocracia economicista: la política del miedo (2005). • IRAK: orden internacional y neoimperialismo (2004). • La importancia de los recursos naturales renovables y no renovables para la defensa nacional (2004). • Política exterior e interés nacional: por qué y para qué (2004). • Ronda de la OMC: las discusiones de Doja, Noviembre de 2001 (2003). • El caso ENRON (2003). • Venezuela y su proceso político (2003). • El MERCOSUR en un cajón (2003). Proyectos de investigación en curso del Lic. Gustavo Lahoud • El manejo de los recursos hídricos compartidos en la cuenca del Plata: el caso del Acuífero Guaraní. • La Política Energética de EE.UU. y su impacto en América Latina, 2000-2005 (en colaboración con Ricardo De Dicco y Victoria Zunino).


1 Aquí es importante reflejar las ideas de Edgardo Lander, importante sociólogo venezolano quien ha hecho referencia a la colinialidad del saber y su producción, que es manejada e implementada desde lugares que se terminan transformando en no-lugares para los pueblos sudamericanos, ya que no los identifican en absoluto en función de sus problemas, intereses y valores.

2 Cf. Moro, Braulio: “Una recolonización disfrazada. El ‘Plan Puebla Panamá’ “, Le Monde diplomatique, diciembre 2002, Buenos Aires, Pag. 14. Respecto al referido plan, se puede consultar, además, el sitio http:ppp.presidencia.gob.mx. Asimismo, el sitio de la Alianza Social Continental contra el ALCA: www.asc-hsa.org

3 Ver al respecto: Porto, Alberto y otros: “Disparidades regionales y federalismo fiscal”, Univ. Nacional de La Plata, marzo 2004. En particular, he trabajado con el “Anexo II. Los recursos no renovables en un sistema federal.”, correspondiente a la citada obra, Pags. 277-295.

4 Cf; Porto, Alberto y otros; op. cit., Pag. 280.

5 Ver Porto, Alberto y otros; op. cit.

6 Cf: Castellano, Andrea: “Una discusión sobre la explotación económica de los recursos naturales no renovables”, en Revista Estudios Económicos, N° 29/30, enero-diciembre 1997, Pag. 5.’

7 Cf: Castellano, Andrea: op. cit., Pag. 3.

8 Cf: Aspiazu, Daniel: “Las privatizaciones en la Argentina. Diagnósticos y propuestas para una mayor competitividad social”, CIEPP, Fundación OSDE, Buenos Aires, 2003, Pag. 195.

9 Ver Latorraca, Martín y Montero, Hugo: “La madre tierra envenenada”, en Le Monde diplomatique, Buenos Aires, enero 2003, Pags. 26 y 27.

10 Ver aquí Seitz, Mirka: Tres Propuestas de Integración, Cuadernos de Iberoamérica, Fundación Juan Pablo Viscardo, Bs. As., 1983. Por memoria histórica común se entiende la pertenencia a un proyecto que se reconoce como propio y que excede los marcos de identificación nacional que no responden a la conciencia emancipadora hispanoamericana que caracterizó a la concepción independentista de nuestros líderes, San martín y Bolívar.

11 Extractado de Petroamérica vs. ALCA, entrevista a Alí Rodríguez, Ediciones Le Monde diplomatique Cono Sur, Bs. As., 2004, p. 26.

12 Respecto al rol del Estado como garante del control, uso racional y distribución igualitaria en la comunidad de los beneficios procurados por la explotación de los recursos energéticos y naturales, existe una extensísima bibliografía en toda la región sudamericana. A tales efectos, marcaré una serie de materiales orientativos que son, a su vez, un verdadero termómetro social y político de una época caracterizada por la enorme producción intelectual en materia de pensamiento político latinoamericano y en el orden de los debates sobre la nacionalización/estatización de los recursos naturales energéticos, muchos de los cuales ya habían sufrido las primeras experiencias de enajenación en manos de capitales extranjeros. Ese particular momento histórico es el que se extiende entre los años 1920 y 1970, siendo Sudamérica un centro irradiador fundamental en el nacimiento de una verdadera conciencia de integración físico-material e ideológico-cultural en el continente. Ver González, Carlos Emérito: Energía y Soberanía, Editorial Gure, Bs. As., 1958.

13 El término Iberoamérica supone una visión más bien inserta en la tradición del pensamiento político de raigambre hispanista, que recupera, en clave político-cultural e histórica, la presencia de España en nuestras tradiciones y en nuestra conformación político-institucional.

14 Fundación Schiller: La Integración Iberoamericana, p. 180.

15 Ídem 14, pp. 180-182.

16 En efecto, se trata de un Proyecto de Resolución presentado a la Cámara de Diputados de la Nación por el diputado Gabriel del Mazo, sobre la viabilidad de un canal sudamericano que uniera las cuencas hidrográficas de los ríos Orinoco, Amazonas y el sistema de la cuenca del Plata. El referido proyecto fue presentado en la sesión del 22 de setiembre de 1948. 17 Ídem 16.

18 Ídem 17.

19 Ídem 18.

20 Ídem 19. E notable analizar cómo estas debates hidrográficos habían estado tan presentes en muchos países de Sudamérica, siendo Venezuela uno de los casos paradigmáticos, de lo cual da debida cuenta Del Mazo, al exponer la copiosa bibliografía que había logrado reunir al respecto.

21 Ídem 20. Hache Del Mazo aclara que la cuestión del Orinoco ha sido estudiada por Carlos Badía Malagrida, quién, en la obra titulada El factor geográfico en la política sudamericana, editado en Madrid en 1946, realizó un estudio minucioso de las posibilidades que existían en Sudamérica para orientar un nuevo tipo de desarrollo endógeno, integral y armónico, aprovechando, para viabilizar estos objetivos, la articulación hidrográfica entre las cuencas de los ríos madre aludidos, es decir, el Orinoco, el Amazonas y el Paraná-Plata.

22 Ver La Integración Iberoamericana, op- cit., p. 194.

23 Ídem 22, p. 194.

24 Ver Calcagno, Alfredo Eric y Calcagno, Eric: El motor de la Unión Sudamericana. Hacia un nuevo bloque geopolítico, Le Monde diplomatique, setiembre de 2004, pp. 8 y 9.

25 Ídem 24, p. 9. Asimismo, ver el proyecto IIRSA, Plan de Acción para la integración de la infraestructura regional de América del Sur, cuya sede fue constituida en Montevideo, en diciembre de 2000. Para ello, se puede consultar la página, www.iirsa.org

Externas
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