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HERRAMIENTAS

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Escuadrones de la Muerte
Por Gabriel Martin
Publicado digitalmente: 3 de junio de 2002

Las consecuencias del modelo neoliberal, tiene fotografías descaradas que reflejan las inmensas ganancias de unos pocos, y la desesperación y miseria de la gran mayoría. Pero también están aquellos reflejos ocultos y escondidos que no se ven, o no se quieren ver, llegando al punto tal que la vida de los excluidos vale menos que su propia muerte.

La zona norte del Gran Buenos Aires es el peor reflejo del sistema implementado por la derecha neoliberal autóctona. Allí con sólo cruzar una avenida se pasa de la máxima calidad de vida al fondo del mar tapado por el fango.

La década menemista no solamente rifó el país entre concursantes extranjeros, sino que dejó la peor de las heridas en el cuerpo de los más heridos. Mientras se instalaban los teléfonos españoles y franceses que se ven en las calles de Madrid o París, crecía el desempleo, el narcotráfico, la pobreza, la indigencia y la marginalidad. Este cocktail sólo podía arrojar como resultado un crecimiento notable de la delincuencia, y especialmente de la violencia. En un país con un índice de pobreza inédito, donde el desempleo y el subempleo arrastran a casi el 52% de la población, demasiado manso está el mar de los más de 18 millones de pobres que nadan en él.

Los menores de 18 años eran demasiado chicos para recordar una Argentina con el 5% de desempleo, hiperinflación incluida. Solamente vieron a sus padres perder el trabajo, o directamente siempre sin trabajo; mientras tanto el hambre crecía y la alternativa, en una sociedad donde la contención ha sido borrada totalmente, era morir, o salir a matar o morir ’de caño’, para hacer algún dinero y tener las zapatillas que algún ídolo mediático ordena tener, y con el resto comprar pegamento o merca si alcanza.

Escuadrones SA

La ’vieja escuela’ de la delincuencia ha desaparecido. Los código de otrora, en que no se robaba en el barrio propio ni se mataba por matar ya no existen. La inundación de drogas baratas y berretas junto con la presión social de pobreza creciente montaron una fábrica de nuevos delincuentes que disparan contra quién sea sin pensarlo dos veces y el delito no está direccionado hacia una clase social más rica exclusivamente, sino que también se roba al vecino, en una suerte de guerra intraclase.

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Víctimas de la seguridad "tolerancia cero".

Generado el desastre para algunos en beneficio de otros, nacen negocios paralelos. Solamente hay que hacerle saber al cliente que necesita del nuevo servicio.

En los ’90 creció el negocio de la seguridad privada, que avanzaba año tras año junto a los nuevos pobres que caían en la picadora de carne. Así fue como Hugo Alberto Cáceres, un sargento de la comisaría 3ª de Don Torcuato conocido como ’El Hugo Beto’, terminó denunciado en marzo de este año, por un grupo de investigadores de la Procuración General de la Suprema Corte Bonaerense, como el capo del accionar de un escuadrón de la muerte en la zona norte del Gran Buenos Aires, y de impulsar el negocio de la seguridad privada y ’limpieza’.

En las calles de Don Torcuato cuentan que en 1993 comenzaron a aparecer perros envenenados, y junto con esto, la oferta del servicio de seguridad. Simplemente una casualidad. Con el paso de los años, el modelo liberal se recrudecía, generando más violencia y más necesidad de seguridad.

Mano dura

Cuando Carlos Menem dejó la presidencia, el país ya vivía una recesión inédita. Los que lograron beber las mieles de esos años necesitaban mayor protección ante el avance de las hordas de ’pibes chorros’. Como se sabe, la zona más elegida por los más privilegiados es justamente el norte del GBA.

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Rico: el ex carapintada intendente y funcionario de Ruckauf.

Así fue como un milico carapintada como Aldo Rico había ganado la intendencia de San Miguel y ’eléctrico’ Luis Patti armaba su feudo en Escobar. En 1999 llegaría a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, que había saltado a la fama poniendo su firma en el famoso decreto de 1974, que exhortaba ’exterminar a la subversión’ en el ocaso de la democracia. Ruckauf ganó con un discurso de mano dura, de ’meter bala a los delincuentes’. En este país donde la clase media-alta es de tradición gorila y golpista, nada peor que un burgués asustado. Y los ’pibes chorros’ asustaban.

Desde que Ruckauf comenzó su gobernación hasta su huida del barco nadando estilo ’Chacho’ lo dejó en la Cancillería del actual gobierno, las denuncias de apremios ilegales y torturas en las comisarías a menores era asunto diario, y especialmente en la zona norte del GBA, donde la aparición simultánea de menores asesinados en supuestos enfrentamientos conformaban un rompecabezas que por metodología señalaba el accionar de un escuadrón de la muerte organizado. Pero que en el combo sorpresa se encuentre en la ’cajita feliz’ a personajes como Ruckauf, Rico y Patti es sólo una casualidad de nuestros tiempos.

Maldita Policía

En marzo de este año, el Departamento de Estado de EEUU emitió un documento en el que criticaba al sistema jurídico argentino. Según señalan, los muertos por la represión policial del 20 de diciembre del año pasado, en la caída del catre presidencial de Fernando De la Rúa, fueron 5 y no 37 como era de público conocimiento; por lo tanto se podría decir que ese informe era un tanto benévolo. Así y todo señalan que ’la tortura y la brutalidad de la policía son problemas serios’ y expresaban ’una considerable preocupación pública por la posible existencia de escuadrones de la muerte’.

En 1999, Luis Patti vociferó ante vecinos y remiseros que pretendía armar a civiles para combatir la inseguridad, y advirtió: ’Que después no vengan con que andamos con armas por la calle’. En un tono melancólico y nostálgico de los setenta dijo que ’hay veces que me dan ganas de agarrar la escopeta y hacer los procedimientos yo mismo’. Con semejante verborragia, Patti violó el artículo 212 del Código Penal bonaerense que reprime de 3 a 6 años al que incitare públicamente a la violencia. El ministro duhaldista León Arslanián afirmó que Patti ’quiere crear escuadrones de la muerte y revivir a al Triple A’.

Nadie habló de más. Según las estadísticas que maneja la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), desde la vuelta de la democracia en 1983 hasta el año 2000, hubo 694 casos de gatillo fácil y asesinatos en supuestos enfrentamientos, 366 en la provincia de Buenos Aires. El 14 de diciembre del 2001, la Correpi presentó ante el Ministerio de Interior un estudio que denunciaba que en ese año hubo 98 víctimas a razón de 1 cada cuatro días, sin contar los muertos de la represión del 20 de diciembre.

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El ex gobernador Ruckauf, cuando regalaba sonrisas a Videla.

En el medio de todo esto, la manija de la derecha mediática se lamenta por los policías muertos en servicio y no a los muertos por estos ’servicios’. La sensación de inseguridad real, es sobredimensionada, y crecen por el miedo, los intentos de tomar justicia por mano propia. Pero siempre es mejor contratar a una empresa de seguridad que haga el trabajo sucio.

El silencio es salud

El 15 de agosto de 2001, Juan Teodoro Salto recibió los balazos del sargento 1° Juan Esquivel y del cabo 1° Enrique Chacón, del Comando de Patrullas de Tigre. En este caso intervinieron como médico de la autopsia el doctor Eugenio Aranda y el fiscal Rodríguez de la UFI 3 de Tigre, y nadie ordenó la prueba de dermotest para determinar si Salto había disparado un arma en un supuesto enfrentamiento.

La metodología y los personajes se repiten en muchos de los casos. El 1 de noviembre de 2000, Fabián Blanco tenía 16 años y cometió dos errores fatales: vivía en Don Torcuato e intentó robar una casa. Lo persiguió Hugo Alberto Cáceres acompañado por Horacio Gallardo del Comando de Patrullas de Tigre, y mientras Blanco se refugiaba arriba de un árbol, Cáceres lo bajó a balazos y lo remató en el piso. Pese a su corta edad, Blanco ya había ingresado reiteradas veces a la comisaría 3ª de Don Torcuato a la que habría denunciado por apremios. El dueño de la casa que había intentado asaltar, afirmó a los investigadores que Cáceres lo había rematado. La fiscalía no ordenó el dermotest. Unos días antes Blanco con la compañía de Salto se habían tiroteado con personal de la comisaría 3ª, pero ’curiosamente’ resultó herido el hermano de Cáceres, el mecánico Claudio Gabriel Cáceres, que según una investigación de la Procuración de la Suprema Corte bonaerense, estaría vinculado con el tema de seguridad privada.

Guillermo ’Nuñi’ Ríos iba con un amigo y se toparon con un Chevrolet Monza blanco en el que viajaban Cáceres y Marcelo Anselmo Puyo, sargento del Comando de Patrullas de Tigre. En la huida los chicos se metieron en un taller mecánico desde donde, dicen los policías, Ríos le disparó a Puyo con una pistola calibre 32. Puyo disparó tres veces y así fue como Ríos murió el 11 de mayo de 2000 con dos tiros en el pecho y uno en la cabeza. En el caso intervino el fiscal de la UFI 2 de Tigre John Broyard y nunca se hizo el dermotest para saber si Ríos había disparado, aunque se comprobó que la pistola 32 no funcionaba. El automóvil fue peritado un año más tarde y a casi dos años después la ropa de Ríos.

David Vera Pintos fue encerrado en la villa Santa Rita, luego de una persecución, por el Comando de Patrullas de San Isidro. Un testigo afirma que vio a Pintos recostado sobre el asiento delantero de un auto cuando fue rematado por un policía. La policía volvía a decir que todo fue un enfrentamiento, pero jamás se comprobó.

Un caso que involucra a Hugo Cáceres es el doble crimen de Gastón ’Monito’ Galván de 14 años y de Miguel ’Piti’ Burgos de 16. Por este caso, siete agentes de la 3ª de Don Torcuato fueron detenidos. Los dos niños habían ido a comprar una lata de pegamento en la tarde del 23 de abril y fueron apresados por la comisaría. Eran conocidos como parte de un grupito que salía a robar en la zona para comprar pegamento que aspiraban con una bolsita, habían sido detenidos decenas de veces por ’La Crítica’, como se conoce en la zona a la 3ª y la habrían que denunciado por torturas. El 24 fueron encontrados en José León Suárez, al borde del Puente Negro; Galván con 11 tiros y Burgos con otros siete. Los dos tenían las manos y los pies atados y a Galván algún melancólico de los grupos de tareas le puso una bolsa en la cabeza, recordando el submarino seco al que son tan adeptos los bonaerenses. A su vez, el ex comisario de la 3ª, Fabián Soldán, afirmó que Cáceres estaba de ’licencia psiquiátrica’ desde el 23 de abril.

Leandro García fue asesinado el 30 de enero de este año. Y su crimen muestra una serie de casuales coincidencias. García vivía a cuatro cuadras de Galván y Burgos, y fue asesinado por el sargento Esquivel y el cabo Chacón del Comando de Patrullas de Tigre, intervino el forense Aranda el fiscal Rodríguez de la UFI 3 de Tigre. Los mismos personajes del asesinato de Salto. Del mimo comando forma parte Anselmo Puyo, que estaba con Cáceres de la 3ª de Don Torcuato el día que disparó fatalmente sobre Ríos. La abogada del Correpi, Andrea Sajnovski, había dicho a Página/12 que ’la relación de la agencia de seguridad de Cáceres, testaferros de por medio, el Comando de Patrullas de Tigre y la comisaría 3ª de Don Torcuato queda clara por medio de la amistad y sociedad entre Cáceres y Puyo’. Mismos nombres, mismos fiscales que demoran las causas y negligencias del mismo forense que ’olvida’ realizar estudios elementales como el dermotest, en una misma zona. Todo un batido de casualidades.

Uno de los más dantescos asesinatos fue el del niño de 12 años, Abel Alejandro Gálvez, que no tenía edad siquiera para acumular antecedentes. El 3 de julio de 2001 fue asesinado de un tiro en la cabeza por el policía José Luis Carrizo, de la comisaría 2ª de Los Polvorines. Increíblemente el policía dijo que el chico lo quiso asaltar y la causa fue caratulada como homicidio en defensa propia. Había salido a las 20 hs. a comprar con una amiga y el policía le disparó a sangre fría. Un arma fue plantada cerca del cuerpo del niño para sostener la ridícula coartada, pero esta no tenía siquiera las huellas de Abelito.

Falcon verde reciclado

En la zona norte del GBA funciona un triángulo del terror. Esa tierra de nadie, fatal para cualquier menor de piel oscura y con algún antecedente, está más o menos delimitada por la Panamericana al oeste, la Avenida Libertador San Martín al sur y la Av. Gral. Belgrano al este.

Allí, la comisaría 3ª de Don Torcuato, el Comando de Patrullas del Tigre, el de San Isidro y el de San Fernando circulan junto a los móviles blancos con luces de patrullero de la agencia de seguridad radicada en el barrio Los Dados. En ese triángulo mortal sucedieron la mayoría de los asesinatos.

Los implicados se repiten y se entrecruzan las dependencias policiales. Marcelo Puyo, del Comando de Patrullas de Tigre estuvo involucrado con Cáceres en el asesinato de Ríos. Juan Esquivel, también del Comando de Tigre está señalado en los asesinatos de Juan Salto y Leandro García. De la misma dependencia se involucra a Horacio Gallardo en el caso de Fabián Blanco, junto con el renombrado Cáceres, y su hermano Claudio Gabriel. El suboficial José Alberto Coronel, también de Tigre, en un tiroteo con delincuentes mató a Edith Acevedo, de 18 años, con un arma Glock no reglamentaria.

Otro Comando de Patrullas que junta a varios agentes en un caso de gatillo fácil es el de San Fernando. Los cabos José López, Juan José Cabrera, Eduardo Solís, Silvio Barreto y Osvaldo Luna fueron detenidos en mayo del año pasado por el asesinato de Alejandro Levikas, de 20 años. En Beccar, Lévikas estaba con su amigo Manuel Fernández Gaché, y fueron atropellados por un auto que escapaba de un tiroteo y en la confusión los cabos mataron a Levikas y Gaché perdió una pierna.

El 15 de mayo unos 30 jueces se reunieron con el presidente de la Suprema Corte Bonaerense, Juan Carlos Hitters, por las continuas denuncias sobre el maltrato y asesinato de menores. También hay una investigación sobre los fiscales de San Isidro por la paralización de las causas que involucran a la policía provincial.

Por el momento no hay ninguna sentencia judicial sobre escuadrones de la muerte, pero resulta demasiado llamativo que en ese triángulo de zona norte se sitúen los asesinatos mencionados, y donde se reiteran los nombres de los involucrados. Mientras tanto, los móviles blancos de la agencia de seguridad de Hugo Cáceres siguen metiendo miedo. Si bien se niega que esta sea propiedad de Cáceres, en la zona todos aseguran que la agencia ubicada en la calle Navarro 163 de Beccar es también el domicilio del propio Cáceres. Igualmente en la fiscalía de San Martín creen que detrás de Cáceres estarían ex militares de grupos de tareas, uno de ellos ex cabo de la Armada que prestó servicios en la ESMA, y estaría apadrinado por Jorge ’El Tigre’ Acosta. Finalmente, el miércoles 10 de julio, Cáceres fue detenido por orden del fiscal Lino Mirabelli, por el asesinato de Nuñi Ríos, al que le plantó un arma para pintar el viejo cuadro del ’enfrentamiento’. De todos modos, el fiscal sostiene que el que fusiló a Ríos fue Puyo, que se encuentra prófugo

La abogada Sajnovski de Correpi dijo que hay dos testigos que afirman que una de las prácticas del escuadrón es fotografiar a las víctimas para llevar un archivo. Esto fue confirmado por el periodista Ricardo Ragendorfer, que se entrevistó con Puyo y Cáceres y este último le mostró un cuaderno con las fotos de las víctimas. El cuaderno no apareció, pero Mirabelli consiguió los negativos de algunas fotos. El negocio de la seguridad privada sigue sobre ruedas, y la agencia que testaferro mediante sería de Hugo Cáceres tiene demasiado olor a Triple A, aunque se llame Tres Ases SRL.

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