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HERRAMIENTAS

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Editorial Biblos
Uturuncos
Por Ernesto Salas
Publicado digitalmente: 16 de julio de 2004

Una imperdible investigación que toma con absoluta seriedad una parte de la historia de nuestro país, que hasta el trabajo de Ernesto Salas, permanecía en la oscuridad de la imprecisión y el desconocimiento.


Breve Síntesis del libro:

Uturuncos:
Este libro pretende rescatar del olvido a la primera fuerza guerrillera de la Argentina contemporánea. Aquí se narran las peripecias, ilusiones,alegrías y desventuras del grupo de hombres y mujeres del Movimiento Peronista de Liberación-Ejército de Liberación Nacional (MPL-ELN), también llamados "Uturuncos". En general, todo acto fundacional obtiene su reivindicación histórica de la originalidad que en sí mismo porta. Sin embargo no fue esto lo que pasó con la primera experiencia guerrillera de nuestro país. Las razones de este olvido residen en una multiplicidad de factores, entre los cuales el primero, y creo que el más importante, ha sido el desfase entre la aparición temprana de Uturuncos y la etapa de actuación de los importantes grupos guerrilleros de la Argentina que, en general, es ubicada en todos los estudios del tema entre fines de los 60 y fines de los 70. Colocados en esta perspectiva temporal, Uturuncos actuó diez años antes que sus pares de entonces y por ello sólo fue considerado por los investigadores como un antecedente lejano y menor de aquellas experiencias que marcaron a una generación de argentinos. Sin embargo, al no haberse reconstruido la secuencia que va desde estos lejanos orígenes hasta las formaciones armadas que impactaron en la opinión pública hacia fines de los 60, la experiencia del debate generado entre los militantes, tanto peronistas como marxistas, sobre la capacidad y posibilidad de la violencia revolucionaria como forma de lucha es derivada de los acontecimientos de la segunda mitad de esta década, perdiéndose la riqueza de una historia que, como este libro espera mostrar, arranca en los años inmediatamente posteriores al golpe militar de 1955.

El autor:

Ernesto Salas nació en Buenos Aires. Es licenciado en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Desde la década del 80 enseña historia social de la Argentina contemporánea en esa universidad y en diversas instituciones. Es autor de La Resistencia Peronista. La toma del frigorífico Lisandro de la Torre (1990) y de numerosos artículos sobre cultura y política de la resistencia.


Entrevista a Ernesto Salas, autor de Uturuncos

«LA GUERRILLA PERONISTA NO NECESITABA CONCENSO PORQUE EL PUEBLO ES PERONISTA»

Por Gabriel Martin
Ernesto Salas fue un militante peronista en los ’70, y la lluvia de plomo lo llevó a estudiar los diversos por qué sobre lo que había pasado y sobre lo que le había tocado vivir. Aparenta menos años de lo que ha vivido y lleva una vida austera, acorde a su pensamiento, vendiendo libros en el centro porteño. También es sencillo en su intenso hablar, no posa como los historiadores «oficiales» y su trabajo lo muestra. Autor de «La Resistencia Peronista, La toma del frigorífico Lisandro de la Torre», Salas se remontó a la primera organización guerrillera del peronismo, investigación que plasmó en su reciente libro «Uturuncos, el origen de la guerrilla peronista».

¿Tomás el caso Uturuncos como la primera fuerza organizada y coordinada del peronismo luego del bombardeo a Plaza de Mayo en 1955?

Hubo un primer proceso de resistencia insurreccional, que va del ’55 al ’58, que también estuvo organizado. Uturuncos no fue más organizado que lo anterior, lo que había fracasado fue la hipótesis de la insurrección, para los que dirigían Uturuncos; sobre todo después de la separación de John William Cooke de la conducción, y después de la huelga del frigorífico (Lisandro de la Torre) en enero de 1959, donde se dan las condiciones posibles de la insurrección, que era la huelga general y la acción de los Comandos de la Resistencia, hecho muy sonado a nivel nacional. Eso fracasa por distintas razones, que después cada uno hará reflexiones sobre el asunto, como hizo Cooke. Para este comando que estaba en Tucumán, la reflexión es «acá se terminó un período y hay que hacer algo nuevo», porque no es que esto funcionó, no funcionó la idea que la huelga general y una serie de atentados más o menos organizados a nivel nacional, iban a expulsar a la dictadura, entonces deciden pasar a una etapa diferente. No era algo que proponían al conjunto del Movimiento, ellos lo ejecutaban como comando independiente de Tucumán, con una relación muy fuerte con Cooke. Lo importante es que esto es un hallazgo, al menos para mí, que fue entender que la guerrilla en la Argentina surgió de una reflexión interna de los sectores en conflicto en el país, no de algo transportado, sacado de una experiencia externa y aplicada acá, como fue el caso de la Revolución Cubana. El origen real, de la primer guerrilla argentina que son los Uturuncos, surge de una reflexión interna y no de una copia a la Revolución Cubana, aunque tenía cierto atractivo que se había producido la revolución en la isla, aunque si tuvo mucha influencia la guerra en Argelia.

Pero en varios pasajes del libro se presentan ambas influencias.

Sí, pero el peronismo tuvo una relación ambigua con la Revolución Cubana, no con la de Argelia, que era más claramente una guerra de liberación. En el caso cubano, la idea de que los norteamericanos le habían soltado la mano a Batista, que le habrían dado un apoyo a Fidel, y no sólo esto sino que los sectores de poder en Argentina reflejaban en los diarios, era que la Revolución Cubana había derrocado a un tirano que era Batista, que era igual que Perón. La madre del Che le escribe una carta en ese tono y el Che le contesta «ahora estarás contenta porque vos y los de tu clase tienen lo que tienen», pero Batista no era igual que Perón, en realidad, el Che, que no era para nada peronista, dice «allá, en Argentina las sirvientas lloraban la caída de Perón, en Cuba el pueblo no lloró a Batista», y ahí está la absoluta diferencia. En un momento el Che llegó a decir que el único sector gris que quedaba en Latinoamérica era la Argentina, luego del derrocamiento de Arbenz en Guatemala, ya que para él Perón no era un líder revolucionario, pero de hecho no era un líder proyanqui, y ahora ese gris había cambiado y con la Libertadora los norteamericanos podían controlar el conjunto de Sudamérica. La Revolución Cubana era mal vista. En el diario La Nación, aparecían alabanzas a la Revolución Cubana en sus primeros quince días, y todos los periodistas buscaban al argentino que había participado en esa revolución. Por eso para el peronismo le resultaba muy sospechosa la revolución cubana, más allá de que algún peronista individual le gustara la idea de la guerra de guerrillas, pero no era el caso de los Uturuncos, para ellos corrían los mismo prejuicios que para el conjunto del peronismo.

Pero hay testimonios en el libro que marcan lo contrario...

Bueno, Serravalle en su testimonio dice: «Nosotros vimos los triunfos del Che y de Fidel, y pensamos en imitarlos», pero eso es una reflexión de él. La realidad es que en un principio, el peronismo tuvo mucha desconfianza a la Revolución.

Igualmente, está también las palabras de Guillén, y no sólo él, que la única forma de traerlo a Perón era con la guerrilla.

La diferencia que tiene esta particularidad de la guerra de guerrillas, es que los intelectuales de Buenos Aires que quieren hacer una guerrilla en Tucumán, es que no viven en esa provincia. Los tucumanos tienen el cerro al lado. No es lo mismo vivir en una región donde hay selva y pensar en llevar la guerra allí, a pensarlo teóricamente y definir que la guerra tiene que hacerse en la selva, y trasladar la guerrilla a la selva. Esta gente vive en Tucumán. La guerrilla de Uturuncos no es un foco, no tiene esa concepción porque no piensan que eso va a «iluminar» al conjunto de la población. Tampoco era una guerrilla rural, porque la mayoría de los militantes eran de la ciudad, tenía cierto carácter rural porque consideraron que el lugar más fácil para poder iniciar una guerra era la selva, y la selva está al lado, y suben a la montaña en el momento que lo necesiten. Uno tiene la idea de la guerrilla más parecida a la de los ’70, de intelectuales que plantean en determinado momento qué es lo que había que hacer; pero acá también había intelectuales, que deciden que la etapa insurreccional de los primeros tres años de resistencia ha fracasado, y que ahora hay que llevar la guerra a otros campos. En este sentido sí hay cierta copia, podríamos decir, a la experiencia cubana en cuanto a la guerra de guerrillas, pero la guerrilla no es un invento de los cubanos. La idea en sí, era una guerrilla con posibilidad de moverse libremente en un territorio no controlado, atacar por sorpresa y combatir a un enemigo infinitamente superior con un grupo mal armado. En ese sentido Guillén tiene muy claro la guerrilla, de hecho luego escribirá los tratados de guerrilla urbana, de los que hay dos, el de Madriguera en Brasil, y el de Guillén publicado en Uruguay. Guillén lo tenía claro en ese sentido, ahora de ahí a que la guerrilla estuviera trazada con tiralíneas, creo que no. Pienso que hay una reflexión sobre lo que está sucediendo y una improvisación en el camino.

También marcás que tenía un contacto fluido con John William Cooke, que si bien no lo tomás como un foco en particular, la idea era que esto genere una reacción en el resto del país con el objetivo final de traerlo a Perón al país.

Lo que pasa es que a diferencia de otras guerrillas, la guerrilla peronista no necesita de antemano contar con el consenso de la población, porque el consenso de la población lo tiene, porque el pueblo es peronista. Por eso marco en el libro marco muy claramente, cómo se había votado en cada una de las elecciones posteriores al derrocamiento de Perón, por opciones peronistas o por otras que el peronismo había ordenado como el voto en blanco en 1957 y la elección a Frondizi en el ’58. La mayor parte del electorado tucumano era peronista. Por lo tanto una guerrilla, o un intento armado de la característica de Uturuncos, en la montaña de Tucumán atraía adhesiones, no necesitaban justificar por qué se habían levantado, estaba claro. Esto es una diferencia de otras guerrillas que al no pertenecer a la identidad popular, tratan de justificar su acción por la identidad popular pero esta no le es propia, por lo que el pueblo puede decir «esto no es nuestro». Se levanta una guerrilla por el retorno de Perón, y la gente peronista lo entiende.

Por lo general se toma la experiencia de Uturuncos como un alzamiento aislado, reivindicatorio del peronismo, pero no articulado.

Claro, pero es importante aclarar de Uturuncos, es que no es independiente. Incluso después de que Cooke es separado de la conducción, se establece un consejo supervisor del peronismo, y un organismo llamado el COR, el Comando de Operaciones de la Resistencia, que lo dirigía el general Iñiguez, que era un militar, no era casualidad que no fuera un civil, porque la finalidad era tratar de subordinar todas las expresiones armadas civiles, a este comando dirigido por este General retirado. Uturuncos no actuaban de forma independiente, de hecho, una de las versiones que se manejan es que Uturuncos tratan de hacer el operativo de la toma de la comisaría de Frías, porque hay una especie de coordinación de grupos de Iñiguez del COR, para hacer una especie de levantamiento cuasi insurreccional hacia fines de ese año, que Iñiguez no lo hace hasta un año después, cuando intenta el golpe en agosto del ’60. Es decir, ellos no eran absolutamente independientes para definir sus políticas. Lo eran en la medida de que por ese momento la resistencia era bastante inorgánica y se hacía bastante lo que se daba la gana, pero en cierto modo, para tratar de tener cierta efectividad trataban de coordinar con aquellos que tal vez no sean de la misma línea política que ellos tenían, como en el caso de Iñiguez.

Más allá que la experiencia de Uturuncos duró apenas casi un año, fue un acelerador hacia la lucha armada para enfrentar a la dictadura y buscar el retorno de Perón.

Uturuncos abre una puerta. Ellos dejaron entrever que los comandos estaban muy mal armados en lo previo, aunque tenían otras funciones. Lo que tratan de hacer es especializar la resistencia. Así como la resistencia había pasado del petardo casero al explosivo; en el caso de organización lo mismo, el comando era un grupo casi informal de personas que esporádicamente se reunían con un objetivo político, la guerrilla implica un compromiso diferente, ni más ni menos pasar a la guerra. En este sentido, el debate de los Uturuncos es mucho más sencillo que la discusión posterior, no es el ejemplo y de ahí en más todos van a la guerrilla. Entre junio del ’60, cuando los Uturuncos ya están prácticamente desarticulados, hasta la experiencia de Taco Ralo de las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), en el ’68, lo que hay aparte de algunos intentos guerrilleros, se genera un inmenso debate. Entre casi todas esas guerrillas, como el Ejército Guerrillero del Pueblo de Jorge Ricardo Massetti que fue en apoyo del Che, Tacuara, como el grupo del Vasco Bengoechea, son no peronistas, salvo Tacuara. Estas guerrillas van a estar vinculadas directamente a la idea del foco, ocho, diez o quince personas, que es lo que decía el Che que era necesario para armar un foco, colocadas en un territorio tratando de hacer una resistencia y llamando al resto de la población a combatir, por motivos claros de la época. No se plantea la organización política como parte constitutiva del grupo. En el caso de los Uturuncos fue al revés, en la etapa de comando, que era bien política, y después decidieron llegar a la estrategia guerrillera. En cambio en el otro caso, recién va estar el planteo posfoquista en las grandes organizaciones, como las FAP, o ya en Montoneros o el ERP. Aquí se plantean una etapa diferente. Para el ERP el la concepción del partido es lo fundamental. Montoneros empieza como una organización cuasi foquista, ligada al peronismo, y se abre como organización política en las elecciones de 1973. La mayor parte de las experiencias posteriores van a tener una preocupación muy fuerte por ambos aspectos, no sólo por la guerra. Todo el período anterior, del ’59 al ’68, son experiencias efímeras, que duran el tiempo que tardan en detectarlas, casi no asentadas en el territorio, con pocas redes políticas, salvo las FAP que su diferencia y marca el ’68 como momento de inflexión, es que aunque el campamento de las FAP es descubierto y desarticulado, la organización perdura en el tiempo, mientras que las anteriores cuando sucedía esto, desaparecían. Tanto los Uturuncos, como el EGP, como Bengoechea, cuando caía la represión sobre ellos, el grupo se extinguía, porque no tenían una red más amplia más allá de la necesaria para armar la guerrilla.

También marcás cuestiones ejemplares sobre la convicción de lucha, como el caso de la FOTIA a los que Perón los «corta», y luego del ’55 son los primeros en plegarse a la Resistencia.

Sí, a mi me pareció como una cosa ejemplar. El objetivo real del pueblo es la organización para su propio beneficio en la lucha. A veces es mucho más fuerte la conciencia de un trabajador, como un dirigente de las huelgas durante el peronismo, de seguir siendo peronistas porque sabían que este era el camino, más allá de Perón. Es lo mismo que le pasó a Cipriano Reyes: era un matón, no era aquel ««lúcido militante de la carne», era un tipo bravo de un sindicato fuerte en una época complicada. Antes que a Perón lo bajen de la vicepresidencia en el ’45, en un acto en Berisso en el que iba a hablar Perón no lo dejaron hablar, le cortaron el micrófono a Perón. Y Reyes, que sabía que Perón no era su enemigo, como viejo pillo sabía que su éxito estaba atado al de Perón, tanto como un montón de trabajadores. Por eso, podía estar en las barricadas del 17 de octubre un tipo que había sido casi excluido.

Volviendo a la FOTIA, la huelga del ’49 que la enfrentó a Perón había sido muy fuerte.

¿Qué había pasado con la FOTIA? Había tenido una huelga muy grande en 1949, y fue descabezada por Perón otorgando todos los beneficios que el gremio pedía, pero al mismo tiempo la FOTIA debía estar dentro de un sindicato más grande. Algunos de los participantes de la huelga, son echados del sindicato y desafiliados del peronismo. En el caso de Romano, a pesar de participar en la huelga del ’49, va a tener un cargo menor en el segundo gobierno peronista. Cuando viene la etapa de la Resistencia, no es una casualidad de que haya muchísimos peronistas en cargos de baja graduación, como ser delegados u obreros comunes, cuando se produce el golpe militar, salgan a hacer algo. Y en ese «hacer algo» remplazan a aquellos anteriores, que estaban presos, que querían negociar y ver como zafaban, porque no todos fueron al combate, había tipos que se ocultaron y se metieron debajo de la cama, como Antonio Cafiero, no existieron en la Resistencia más allá de que ahora se quieren reivindicar de la Resistencia.

Ahí se da todo un reacomodamiento del peronismo como fuerza popular.

Y, ahí los peronistas se ven despojados de su gobierno, del Estado, del partido, se despojaron de los dirigentes acomodaticios del peronismo, entonces, «ahora se ven los pingos». Como dice uno de los documentos del Comando Nacional Peronista, «ahora el verdadero dirigente hay que demostrarlo». Porque ahí es cuando había que demostrar, porque dirigente no es el que ejerce cuando está todo bien, lo alabamos a Perón, cuando comemos todos. Cuando se nos vienen encima, los verdaderos dirigentes son los que luchan y los que no luchan, son unos traidores que estaban negociando. Hubo como una especie de primer limpieza del peronismo, en la cual de aquellos acomodaticios fueron reemplazados por los nuevos.


PRESENTACION DE ROBERTO BASCHETTI AL LIBRO DE ERNESTO SALAS

«UTURUNCOS. EL ORIGEN DE LA GUERRILLA PERONISTA»

BUENOS AIRES, MIERCOLES 3 DE DICIEMBRE DE 2003

La primera frase del libro que tengo el honor de presentar: «Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista» es a mi entender la clave y la razón de su existencia: «Este libro pretende rescatar del olvido la primera fuerza guerrillera de la Argentina contemporánea».

Ernesto Salas, amigo, colega en este hermoso y fantástico mundo de investigar, lo logrará con creces. Situación que a nadie debe extrañar si conoce la meticulosidad, el rigor histórico y la constancia que Ernesto presenta en cada uno de los trabajos de investigación que encara, como por ejemplo en los dos tomos de su «opera prima», el recordado y ya clásico «La resistencia peronista: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre» editado allá por 1990.

La temprana experiencia de los Uturuncos ha quedado relegada y casi olvidada, en el fárrago de acciones políticas y militares de las organizaciones armadas peronistas, ocurridas desde la caída de un grupo importante de las FAP en Taco Ralo en 1968 y con muchísima mayor intensidad aún a partir del 29 de mayo de 1970, cuando Montoneros se da a conocer públicamente con el secuestro y posterior ejecución del fusilador Aramburu.

Pues bien: ¿Por qué y de donde salieron los Uturuncos?. Ernesto Salas con visión y criterio, hila, escarba, detecta, ilumina, en «la riqueza de una historia» que arranca en los años inmediatos posteriores al golpe militar del 55 y advierte con propiedad que es un error visualizar «a los gobiernos que sucedieron al peronismo, como gobiernos moderados» a los cuales también se les otorga el beneficio del olvido en cuanto «a los crímenes cometidos entre 1955 y 1966».

Crímenes que necesariamente no pasan solo por matar sino también por discriminar, encarcelar, perseguir, torturar, humillar, apalear, violentar, a la gran masa del pueblo argentino que sigue siendo peronista y fiel a las tres banderas históricas del Movimiento.

Si hiciésemos un «racconto» de esos hechos, no nos alcanzarían los dedos de las manos para enunciarlos y ordenarlos en el tiempo.

Antes de la aparición de Uturuncos podemos contabilizar:

1. Los bombardeos a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955. Más de 250 muertos, el triple de heridos por lo menos y numerosos mutilados. ¿Alguién sabe o recuerda al menos el nombre y apellido de uno de esos muertos?

2. El golpe militar, violento y sangriento contra el gobierno popular y constitucional de Perón elegido por el 62,49% de los votos.

3. Adhesión de ese gobierno de facto oligárquico y elitista surgido (Lonardi primero, Aramburu y Rojas después), a los planes de entrega determinados por el FMI. Todavía estamos pagando.....

4. Intervención a la Confederación General del Trabajo (CGT) que tenía para ese entonces más de 5 millones de trabajadores afiliados y organizados.

5. Recordemos el famoso decreto ley 4.161 (ustedes ya saben a cual me refiero) por el cual se prohibía desde el odio y el revanchismo ser peronista.

6. El robo del cadáver de Eva Perón. Abanderada de los Humildes y Jefa Espiritual de la Nación, pero por sobre todos las cosas, mentora de las milicias obreras armadas de autodenfesa del gobierno nacional y popular peronista. Los gorilas, ya en ese entonces, sabían a quien tenían que hacer desaparecer....

7. Aquí cito a Sala: «En esos primeros años las fuerzas militares y policiales detuvieron a miles de personas, muchos de ellos fueron torturados y asesinados, otros fueron enviados a las cárceles del extremo sur del país. La policía disparó contra las movilizaciones de trabajadores y asesinó a varios obreros del surco, del puerto, metalúrgicos; decenas de miles de personas fueron inhabilitadas para ejercer cargos gremiales y políticos, miles figuraron en las listas negras y no pudieron trabajar...»

8. Los fusilamientos de obreros y civiles peronistas en junio de 1956 por la reacción.

9. El voto en blanco triunfante del peronismo proscripto en las elecciones constituyentes de 1957, que demuestra que ese pueblo no cambia de idea....

10. La traición de Frondizi en 1958, que sube como presidente con los votos peronistas y luego hace todo lo contrario a lo prometido desde el llano. Como puede apreciarse Menem tuvo en quien inspirarse....

11. El famoso Plan CONINTES instrumentado por el gobierno frondizista que llena nuevamente las cárceles y prisiones del país con obreros y militantes peronistas, que resisten los planes recesivos y entreguistas del imperialismo y la oligarquía.

12. Y ya después de Uturuncos, las elecciones del 18 de marzo de 1962 en Buenos Aires, que gana el candidato peronista Andrés Framini y por eso, precisamente por eso, son anuladas de un plumazo, o mejor dicho habría que decir de un sablazo, por los militares - verdadero poder detrás del trono - que aprovechan la circunstancias además, para destituír a un Frondizi que ya no les sirve para nada.

Y así podriamos seguir con holgura citando barbaridades hasta 1966. ....

Bien dice Ernesto Sala, y lo cito textual: «...desde el punto de vista de los que sufrieron la exclusión y la represión, la llamada ’primera resistencia’, o sea, la que se desarrolló entre 1955 y 1960, dejó una huella que se transformó e integró en la tradición combativa de la década siguiente. Las bases peronistas, liberadas de la tutela ejercida por el Estado y su partido y fogueadas por las intensas luchas de la segunda mitad de los 50, se radicalizaron hacia ideas nacionalistas revolucionarias, tanto en los sindicatos como en los comandos. La práctica del sabotaje en las fábricas, los importantes atentados con explosivos a empresas extranjeras o a las fuerzas represivas, el estallido de miles de bombas caseras y las largas huelgas defensivas de casi todos los gremios industriales se extendieron por todo el país. La experiencia se adquirió en el camino...».

Ernesto Sala habla de huelgas y sabotajes.

Con respecto a la importancia de las huelgas, un diario que desde siempre defiende las ideas del establishment no deja dudas al respecto.

«La Nación» del viernes 10 de octubre de 1958 tomando como fuente las Oficinas Técnicas de la Policía Federal, señaló alarmada que en enero de 1958 (se estaba retirando acosada, la mal llamada «revolución libertadora») pararon en el país 496.292 trabajadores y que en el primer semestre de ese año, el total de horas trabajo perdidas por huelgas sumó cincuenta millones y el país se perjudicó en 687.000.000 de pesos moneda nacional.

Si hablamos de sabotajes. Sería bueno recordar algo que pocos saben. De donde viene el origen de la palabra «sabotaje»

En Holanda fueron populares - y lo siguen siendo - los zapatos de madera, utilizados para trabajar en la tierra o en los pantanos. Esos zapatos nosotros los conocemos como «zuecos». Pero en Francia e Inglaterra se les dio el apelativo de «sabots». Por extensión , llegó a darse también el nombre de «sabots» a los durmientes de madera del ferrocarril. Ahora bien, en 1910 en Francia hubo una gran huelga ferroviaria y durante la misma, los obreros del riel aflojaron los tornillos que sujetaban los rieles a los «sabots». A partir de allí el procedimiento se denominó «sabotaje» y abarcó muchas otras operaciones de intención similar.

Según un informe confidencial y secreto dado a conocer por el Ejército Argentino, a partir de la conferencia pronunciada por el entonces teniente coronel Hamilton Alberto Díaz del Servicio de Informaciones de esa fuerza, y bajo el título de «Lucha contra el terrorismo», en la Escuela Superior de Guerra en octubre de 1961, la actividad de la resistencia peronista fue muy intensa.

Entre el 1° de mayo de 1958 y el 30 de junio de 1961 (es decir un amplio período del gobierno de Frondizi donde se gesta la aparición de Uturuncos) ocurrieron:

104 incendios de establecimientos fabriles, plantas industriales, vagones ferroviarios, campos de estancieros, buzones con correspondencia oficial etc.

440 actos de sabotaje varios (obstrucción de vías férreas, perdidas intencionales de combustible, derroches de agua corriente, destrucción de medidores eléctricos y de gas, cortes de cables telefónicos y telegráficos, ataques a miembros de seguridad, etc).

1.022 colocaciones de bombas, cargas explosivas y petardos.

En ese período de tiempo se contabilizaron 17 muertos y 87 heridos.

Del conjunto de ese accionar de la resistencia resaltan dos hechos que conmovieron a la opinión pública.

a) 16 de febrero de 1960. En Córdoba, en la zona de Alta Gracia, se atenta contra la empresa extranjera Shell-Mex. Arden 3 millones de litros de nafta y 400.000 litros de gas oil. Las perdidas materiales ascienden a 60 millones de pesos moneda nacional.

b) 12 de marzo de 1960. En Mar del Plata incendian en forma intencional la planta de almacenaje de la dirección de Gas del Estado. Se destruyeron 1.400 tubos de gas y las perdidas alcanzaron los 10 millones de pesos.

Por otro lado, es interesante, es loable, es en gran parte inédito, el análisis que Ernesto Sala confecciona sobre lo que el acertadamente llama «Procesos de identidad colectiva» y como los relaciona con el peronismo, la resistencia y el imaginario colectivo.

Afirmará que: «La identidad de resistencia - que es la que nos interesa, aclara - es la generada por aquellos actores que se encuentran en posiciones o condiciones devaluadas o estigmatizadas por la lógica de la dominación. Lo que construyen - entonces - son trincheras de resistencia y de supervivencia basándose en principios diferentes u opuestos a los que impregnan las instituciones de la sociedad».

Dirá también que «la identidad para la resistencia, conduce a la formación de comunas o comunidades», donde se construyen «formas de resistencia colectiva contra la opresión».

Y de allí se pasa a un «nosotros», corporizado por los peronistas, los cabecitas negras, los trabajadores, orgullosos de ser tales, como respuesta a la exclusión que sufren desde el poder.

Una cita del libro es paradigmática al respecto:

«Desde 1956 renació la bomba casera, conducida por hombres anónimos hacia su objetivo; la práctica del sabotaje industrial se hizo moneda cotidiana, mientras miles de manos impregnaron las paredes de nuevos símbolos de resistencia - el famoso PV, Perón Vuelve, sin ir más lejos-y la políticase replegó a las cocinas, los clubes, las canchas de fútbol y los bares».

Extraigo párrafos de la cita e ilustro con ejemplos que me vienen a la mente.

«Desde 1956 renació la bomba casera, conducida por hombres anónimos hacia su objetivo...». Hombres anónimos diría yo, llenos de grandezas y miserias como la mayoría de los mortales, que un día salieron a pelear por lo suyo. Está ese hermoso poema de Jorge Melazza Muttoni, titulado «Terrorista» para atestiguarlo:

La pólvora,

la pólvora estará envuelta en una «Crónica» amarilla y vieja
que simulará apenas un paquete de clavos o conservas.
Con mis dos compañeros hablamos del estallido sabiamente,
habrá que discutir, punto por punto, donde poner la bomba:
Si en un baño, si en un balcón, cuando la madrugada amontona brujas y borrachos, ó en un zaguán con triste olor a orines y a pintura.
De todos modos lo principal, la bomba, estará lista.
La pólvora prensada en la pieza del fondo, unos bulones más
y la sal gruesa fría y amarga como una vieja puta.
Cuando estalle,
leeremos en los diarios de vidrios rotos y paredes
y hierros lastimados.
Ninguno cantará, pero se que caeremos,
porque sí,
porque es muy macho
contarle a alguna negra para darse importancia,
que aquella bomba de que hablaron los diarios
la pusimos nosotros».

Siguiendo con este tema, también me acuerdo de la impresionante y machacante publicidad de los diarios y radios oficiales, de los formadores de opinión - que ya los había - para desacreditar, descalificar, aislar a los resistentes que respondían al sistema de la única manera posible: con la violencia política. Para ellos eran los «terroristas».

Pero para el pueblo eran los «compañeros» y cada vez que podían, en bailes, peñas, reuniones cerradas, se expresaban en solidaridad con los «muchachos» cantando: «Si si señores, soy peronista, soy terrorista de corazón, pongo la bomba, prendo la mecha, corro tres cuadras y escucho la explosión».

Vuelvo a otra parte de la cita de Sala antes enunciada, cuando dice: «...y la política se replegó a las cocinas, los clubes, las canchas de fútbol y los bares».

Así fue nomás, como bien dice Ernesto..

Contaba César Marcos unos de los primeros en organizar la Resistencia Peronista luego del golpe sangriento del ’55, que los peronistas más decididos, los más resueltos a la acción, para volver a organizarse recorrían los barrios de Capital y Gran Buenos Aires y se sentían como pez en el agua. No era para menos.....

«Allí siempre había una cocina amiga donde tomar unos mates y un sitio seguro donde poder aguantarse si era necesario. ¡Las cocinas que hemos conocido! En esos años, el que más o el que menos, los trabajadores ya tenían su casita y su cocina hospitalaria, abrigada en invierno y fresca en verano. Cocinas alegres, limpitas, con su heladera en un rincón, la mesa con el hule, las sillas acogedoras. Y el mate o una cervecita helada y, a veces en ese entonces, claro, la carne para el asadito en el fondo.

No se hacer poemas, pero sugiero ese pequeño homenaje que todavía no se ha rendido a las cocinas humildes, de nuestras barriadas, que fueron verdaderos fortines del Movimiento Peronista. Allí se realizaban las reuniones con los compañeros barriales, se distribuía la propaganda, se establecían enlaces, se programaban las pintadas, se planeaba la acción.

Allí nos reuníamos, en el ámbito mimético de las cocinas, donde todos son iguales y se confunden, donde nadie llama la atención, como en una gran familia».

¿Qué hermoso no? Ese «nosotros» de los humildes, de los más, de los perseguidos, actuaba como galvanizador, como referente, como soporte de una resistencia por entonces embrionaria e inorgánica.

En ese sentido apunta Ernesto Sala cuando dice: «Viejas tradiciones obreras fueron resignificadas y entremezcladas en un nuevo repertorio de condiciones de lucha. Renacieron los lenguajes gestual y simbólico; los gestos que comunicaban sin hablar y los símbolos que, usados en la ropa, permitían reconocer al compañero».

En plena vigencia del decreto ley 4161 que prohibía al peronismo, solía verse a muchos compañeros con un ramito minúsculo de florcitas celestes en la solapa y a las compañeras con las mismas flores adornadado su pecho. Era una flor que se usaba con la primavera, para agasajar y recordar a la Madre y que se llamaba «flor del no me olvides», por lo que también, precisamente por su nombre, fue mostrada como signo de lealtad al Líder, a Perón que estaba en el exilio.

Sentimiento que inmortalizó don Arturo Jauretche con su «Canción del No Me Olvides»:

No me olvides. No me olvides.
No me olvides.
Es la flor del que se fue.
No me olvides. No me olvides.
No me olvides.
Volveremos otra vez.
Es el novio de la Patria
de la Patria que le espera.
Volverán los nomeolvides,
volverán en primavera.
¡No me olvides, no me olvides,
no me olvides!
Canta el pueblo de Perón.
No me olvides sobre el pecho,
nomeolvides pegadito al corazón.
Volverán los nomeolvides
Cada año a florecer.
Con la flor del nomeolvides
no olvidando esperaré.
No me olvides, no me olvides.
No me olvides.
Es la flor del que se fue.
Nomeolvides, nomeolvides,
Nomeolvides
¡¡Volveremos otra vez!!.

Bueno. Yo no voy a hablar de Uturuncos. Para eso está este libro que hoy presentamos y que Ernesto Sala ha confeccionado con tanta dedicación y autoridad.

Libros como éste van abriendo el surco, mostrando el camino, de un pueblo digno y tenaz que sigue buscando pese a todos los contratiempos su liberación.

Ernesto, muchas gracias por tu aporte.

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Investigaciones Rodolfo Walsh