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HERRAMIENTAS

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Represores por el mundo
Ni los manuales, ni Dios.
Por José Luis Zamora
Publicado digitalmente: 9 de mayo de 2005

En España, para determinar fehacientemente que los ex represores: Ricardo Cavallo y Adolfo Scilingo, fueron culpables de haber cometido en el transcurso de la última dictadura militar argentina delitos con carácter imprescriptible de crímenes de lesa humanidad, se requirió únicamente - hasta ahora, al menos, con Scilingo - de un proceso oral sin precedentes, dado que en este caso fue juzgado en presencia por un tribunal extranjero. Ricardo Cavallo, espera a que le toque el turno.

Anteriormente, dos importantes antecedentes hacían a la suma de pedido de justicia universal que proclamaban -y siguen proclamando- familias de detenidos y desaparecidos y organizaciones de derechos humanos en general; un tribunal de Francia en 1990, a otro ex represor, Alfredo Astíz, lo condenó en ausencia a cadena perpetua; idéntica situación merecieron en Italia en el año 2000, siete ex militares, entre ellos los ex generales Guillermo Suárez Mason y Omar Riveros.

Carlos Slepoy, de la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos, declaró luego de conocido el fallo que mantendrá por casi 40 años preso a Scilingo que “esta decisión implicó una consolidación de la persecución de los crímenes contra la humanidad.”

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Ricardo Miguel Cavallo

Y muy cierto es, la aprehensión de otro ex represor argentino vuelve a ser noticia en España y el mundo. Detectado en Alicante, España, por los abogados de la acusación en la causa que se instruye por el secuestro y desaparición en la dictadura de Jorge Carlos Toledo, el ex agente civil de inteligencia militar en Mar del Plata Ricardo Oliveros, resultó detenido. De comprobarse los cargos que se le imputan, para este ex represor no le espera otro destino que el de acompañar por varios años de encierro a sus ex compañeros de CCD.

Como Scilingo, Oliveros niega haber participado en operaciones junto a grupos de tareas. Dice sí conocer el destino final de detenidos desaparecidos que habrían sido enterrados en la localidad de Mar del Cobo y que se encontraban en el centro clandestino denominado “La Cueva”, en la base aérea marplatense.

Reconoce haber pertenecido a los servicios de inteligencia de Mar del Plata. Mas, la paradoja es que los miembros de esos servicios justamente son considerados responsables de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones en dicha zona. Lo cual lo mantendría en situación de sospecha de no decir toda la verdad, sino a medias, ya que manifiesta haber trabajado sólo con los legajos de los detenidos desaparecidos por el Ejército donde constaban sus nombres, fechas de secuestros y antecedentes.

Ante el juez Fernando Grande Malaska, de la Audiencia Nacional, Oliveros de 53 años, reconoció que mientras almorzaba o cenaba con diversos represores, éstos le habrían manifestado una serie de reservas sobre sus actividades.

Para expurgar culpas, culpó a un oficial de la Aeronaútica apodado Charly, el cual reconoció al mostrársele una fotografía y a un suboficial del Ejército llamado Nicolás Cafarelo. Éste -según su relato- habría enterrado a dos detenidas desaparecidas en Mar del Plata - Mercedes Longo y otra llamada Silvia - en una tumba encubierta, ubicada en la zona de Mar de Cobo. Efectuó una especie de mapa burdamente dibujado.

Charly, actuó como chofer del general de brigada Alfredo Manuel Arrillaga, denunciado por sus actividades en Mar del Plata y en La Tablada que lo involucran en torturas a detenidos desaparecidos.

Arrillaga, es quien en el 8 de abril de 2002, en el Tribunal Oral en lo Criminal Federal en Mar del Plata, se negó a prestar declaración testimonial en dos oportunidades, amparándose en el art. 18 de la Constitución Nacional, por el secuestro y muerte de los abogados Roberto Jorge Caldeloro y Norberto Oscar Centeno, detenidos en la comisaría 4ta de esa ciudad, de la detención y desaparición de Juan Bourg y Alicia Rodriguez de Bourg y su relación con Eduardo Salvador Ullúa y precisamente con Ricardo Oliveros.

El Dr. Battaglia, allí presente, pidió la palabra y dijo: “Esta conducta no hace más que evidenciar que los militares genocidas actúan en bloque y amparándose en la Constitución, a la que ellos mismos antepusieron el denominado Estatuto para el Proceso de Reorganización Nacional, sólo buscan evadirse de la justicia”.

El juez español hizo incapié en sus preguntas a Oliveros, principalmente sobre la desaparición de Jorge Carlos Toledo. La madre del desaparecido, María Luisa y el hermano, Alberto, son las personas que denunciaron a Oliveros por el crimen y extorsión, cuando en el año 2000 éste se les presentó pretendiendo cobrarles la suma de 20.000 dólares para brindarles información sobre la desaparición de Jorge.

Oliveros, siempre estuvo ligado a los servicios de inteligencia, aunque el Ejército lo reconoció entre sus filas sólo entre 1983 y 1992.

Se sabe con certeza que en 1999, siempre en Mar del Plata, desalojó a los tiros a un grupo de piqueteros de la Catedral, que fue procesado por coacción agravada y estuvo un año entre rejas. Luego de liberado, volvió a las andadas y fue denunciado por amenazas a un imprentero. Fue nuevamente detenido, en el auto se le encontraron armas e informes de inteligencia sobre Montoneros, AMIA y Tupamaros. Casi enseguida encaró la extorsión a la familia Toledo, ya mencionada.

Luego, parece que al agente civil del Ejército lo “archivan” en España. Y mandan un “perejil” al muere. Mientras tanto en Argentina, lo cierto es que hace años sino es por la edad, es por las leyes del perdón o por los decretos de indulto, o por las chicanas jurídicas o por las pruebas o por los manuales, pero ninguno de los genocidas del pasado paga como debería ser. Sigue el cuento de la buena pipa, mientras el circo pasa por los de menor rango. Y algunos, no todos.

¿Qué pasa con los “jerarcas” de la dictadura? Pareciera ser que se está esperando a que se mueran todos. Ésto sucedió, a modo de ejemplo, con Galtieri y otros más. O que se vuelvan “locos” como Massera. O que encuentren la “tranquilidad” en la paz del hogar, como Videla. Y esto hace la gran diferencia con España, que seamos vistos como un país sin credibilidad institucional, sin voluntad política, por lo tanto, poco o nada serios.

Porque allí sí que, a los genocidas, ni los manuales del ex represor Cristino Nicolaides, ni Dios, los salva.

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