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Colaboraciones empresarias en Argentina y Brasil con dictaduras militares.
Por José Luis Zamora
Publicado digitalmente: 23 de mayo de 2005
La “entrega” de obreros en Argentina y Brasil - principalmente del área automotriz - considerados elementos peligrosos o subversivos, de parte de las principales empresas multinacionales a las fauces de esa máquina siniestra llamada dictadura militar, en la década del 60 y del 70, vuelve al escenario del recuerdo y de la impunidad.

En uno de los informes de la Comisión Nacional de Personas Desaparecidas (Conadep) se denunció,en los años 80, de los secuestros de trabajadores ocurridos durante la dictadura militar en las fábricas de Ford, Mercedes Benz y de otras tantas que eran propiedad de intereses argentinos y extranjeros, incluyendo también a plantas siderúrgicas, farmaceúticas y astilleros.

Veinte años después, en noviembre de 2002, una denuncia narrada por el diario The New York Times, en un artículo firmado por el periodista Larry Rohter reflejaba la experiencia sufrida por Pedro Troiani, delegado sindical de la planta automotriz Ford Motor Argentina, quien fuera detenido clandestinamente en tres prisiones, durante un año, a partir del mes de abril de 1976.

Troiani, fue “chupado” en la fábrica a punta de pistola por parapoliciales y conducido a bordo de un camión de la compañía hasta una cancha de fútbol en el complejo de la fábrica donde funcionaban unas barracas y un centro de detención.
Además de Troiani, corrieron la misma suerte cerca de dos docenas de empleados de la compañía.
Se mencionó en dicha denuncia que la Ford y sus ejecutivos más altosarreglaron, participaron o encubrieron la detención ilegal”.

Idéntica odisea la vivió 16 trabajadores de la planta Mercedes Benz, entre 1976 y 1977, quienes fueron secuestrados en sus hogares o directamente en sus lugares de trabajo, en la planta ubicada en la localidad bonaerense de González Catán.
Todos, menos dos - Juan José Martín y Héctor Ratto - los demás -14 - fueron asesinados y desaparecidos.
El jefe de planta, en el tiempo de esas desapariciones y asesinatos, era Juan Tasselkraut.
Dicho informe fue presentado por la periodista Gaby Weber a la Cámara Federal de La Plata, dos meses antes a la denuncia del diario The New York Times.

Las compañías automotrices, principalmente, se beneficiaron cuando el proyecto militar de secuestros y asesinatos tomó forma en plena dictadura y apuntó como blanco a los trabajadores y líderes sindicales.

Cada una de ellas tenía intereses creados - negocios - con los militares. Ford, fabricaba los famosos Falcon verdegrises utilizados por los grupos de tarea en el secuestro de miles de personas, mientras Mercedes Benz, los abastecía de camiones.

Esta última empresa, en septiembre de 2002, elevó un informe en el que daba a conocer que en 1975 cuando Carlos Ruckauf era ministro de Trabajo, pidió eliminar los “elementos subversivos de las fábricas”, asimismo aparecía comprometido el secretario general de SMATA, José Rodríguez, quien, según el ex director comercial de Mercedez Benz, David Filk, dijo, recibía dinero de la empresa.

Una carta del 19 de mayo de 1976, firmada por el entonces presidente de la casa matriz de Stuttgart, Martín Schleyer, adjuntaba un informe de la filial argentina que señalaba que “los despidos mencionados - en relación a 115 trabajadores que habían impulsado un paro en octubre de 1975 - eran pedido urgente del entonces ministro de Trabajo y de la dirección de SMATA, que ha solicitado más despidos todavía. La actuación de la dirección (sic) de la empresa Mercedez Benz Argentina aclara que quería apoyar el esfuerzo del ministro de Trabajo y de SMATA de eliminar elementos subversivos de las fábricas”.

Un dato a tener en cuenta de la época, es que el 6 de octubre, dos días antes de la huelga que terminó con el centenar de despidos en la compañía automotriz, Ruckauf firmó el decreto de aniquilamiento de la subversión que abrió las puertas a las Fuerzas Armadas para intervenir en la seguridad interior.

Antes de volver sobre el tema en Argentina, en Brasil, el influyente diario O Globo, denunció el último día 15, que varias empresas multinacionales instaladas en dicho país, “colaboraron”- desde el golpe de Estado en 1964 contra Joao Goulart y con los sucesivos gobiernos de facto - aportando información puntual de empleados considerados “subversivos("sospechosos dice la nota), empleados que tenían militancia gremial, quienes eran despedidos y en la mayoría de los casos torturados y asesinados, habiendo casos de empresas que llegaron a instalar “centros de espionaje internos” en plantas de empresas como: Volkswagen, Phillips, Fire-stone, Chrysler y otras.

En 1969, se llevó a cabo un proyecto represivo entre la policía política brasileña, conocido como DOPS (Departamento de Orden Político y Social) y las empresas involucradas.
Pudo saberse que dicho plan se montó en una reunión mantenida entre los jefes de seguridad de las compañías - en su mayoría del área automotriz - con el jefe paulista del DOPS Israel Alves dos Santos Sobrinho y con el mayor Vicente de Albuquerque, del ejército.
Allí, también se encontraban presentes representantes de las empresas en cuestión.
Se coordinó las tareas de espionaje en las fábricas y en los sindicatos, según el acta de la reunión, mediante la formación de un "grupo de trabajo”, traducido en Argentina “grupo de tareas” y “centro de coordinación”.

Los archivos de estas afirmaciones fueron conseguidos, luego de una ardua investigación por el periodista brasileño José Casado, en San Pablo, Buenos Aires y Washington.

Al igual que en la carta presentada por Schleyer de Mercedez Benz, Synesio de Oliveira, representante del grupo Constanta (empresa incorporada a la Phillips en 1998, declaró: “Estábamos defendiendo nuestras empresas de los terroristas, de la subversión”.

La filial brasileña de la firma sueca Saab-Scania, en un documento fechado en julio de 1978, plantea a la policía el caso de dos trabajadores cuyos despidos “se deben al hecho de haber participado del movimiento huelguista”.
Fue el año en que la Federación de Industrias de San Pablo (FIESP) solicitó al gobernador paulista tropas militares para reprimir las huelgas que ese año proliferaron en todo el cordón industrial.

Como se puede apreciar, en Argentina existió una proceder casi idéntico al de Brasil.
La embajada de Estados Unidos informaba en Washington entre abril de 1976 y junio de 1978 sobre episodios que mostraban “la gran cooperación entre gerentes y organismos de seguridad”.

Tal vez, por algún tipo de estrategia comercial o cambio de política, Mercedes Benz tuvo un extraño comportamiento con las familias de sus empleados desaparecidos.
Continuó abonando sus sueldos, como si no se hubieran enterado de lo sucedido o como si siguieran trabajando normalmente planta.
En algunos casos se pagaron indemnizaciones sin especificar los motivos.
Diferente suerte, fue la de los operarios que dejaron de ir a trabajar porque corrían el riesgo de ser secuestrados, fueron despedidos.

Trascendió que el gobierno brasileño está clasificando para su divulgación archivos de la Agencia Brasileña de Información (Abin), que incluyen material del extinto Servicio Nacional de Informaciones, y documentos de la Comisión General de Investigación.

En Argentina, Carlos Ruckauf - el hombre de la mano dura - siguió (e) haciendo “política.”

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