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HERRAMIENTAS

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La justicia del garrote
Por José Luis Zamora
Publicado digitalmente: 10 de junio de 2005
El menor Martín Suárez fue molido a palazos por una patota compuesta por policías y civiles, acusado injustamente de haber cometido instantes antes un robo.A raíz de los tremendos golpes recibidos en la cabeza con un tirante de madera, el chico murió al día siguiente mientras dormía en su cama. Llevado el caso a un juicio oral y público, se demostró las causas de su deceso. Asesinato. Pero, una vez más, quedó al descubierto la "asociación ilícita" que existe entre las fuerzas de seguridad del Estado y la justicia. Ésta es la historia.

Cuenta la familia, que el jueves 29 de agosto de 2002, “a la tardecitaMartín de 17 años, salió en camino, como tantas otras veces, por la colectora de la Panamericana y Acasusso, hacia la casa de su amiga Silvina.

Hasta ese día, la vida de este adolescente no era distinta a la de tantos otros que trabajan junto a su familia para salir adelante. Trabajaba junto a Oscar, su padre, en la verdulería que éste posee en Carapachay. Disfrutaba en casa de la compañía de sus amigos y de sus dos hermanas mayores, cuando disponían de tiempo, dado que ellas son también trabajadoras. En suma se trataba de una familia que nunca tuvo ningún problema con la justicia, ni con la policía. “Martín nunca tuvo problemas con la policía, jamás lo fui a sacar de una comisaría”, sostuvo el padre, cuando fue encarado por la prensa al conocerse el caso.

Pudo determinarse, a raíz de las declaraciones de varios testigos que, Martín habría sido interceptado abruptamente por una camioneta policial en la que se encontraban dos policías uniformados y otros dos hombres de civil quienes se encontrarían rastreando - de cacería - el paradero de un grupo de chicos que algunos momentos antes les habrían robado un par de zapatillas y 30 dólares a los dos últimos.

Dos testigos claves - Silvina y su padre - aseguraron que alertados por los gritos de Martín, salieron de su domicilio en ayuda de éste y pudiendo observar, claramente, como era castigado por los policías y un civil armado con un palo.

Los policías prestaban servicio en la comisaría de Munro.
Uno de los civiles era Fernando Greco, 29 años, estudiante universitario, haciendo un máster en Nueva York, que pasaba sus últimos días de vacaciones en la localidad de Florida, junto a su familia.
Éste futuro “profesional” fue el encargado, mediante golpes de puño y armado de un palo, de propinar una feroz paliza a un menor inmovilizado por el no menos “valientesargento Roberto Sandroni.
El otro oficial, Julio Morinigo no hizo nada para impedir la golpiza al menor.
Asimismo, Martín fue acusado de portar un arma que "nunca" apareció, dado que misteriosamente se había “perdido” en la villa que se encuentra a dos cuadras de donde Martín fue apaleado.>br> Nunca fue acusado de robo, ni siquiera le fue mencionado al padre dicha situación.

Martín fue traslado a la comisaría 3ra de Munro, ubicada en Armenia y José Hernández y su padre tuvo que enterarse por los vecinos de la situación por la que atravesaba Martín.
Mientras Oscar, se encaminaba hacia allí, Martín era atendido por un médico policial porque se había descompuesto en dicha dependencia.
El comisario, encargado de minimizar la situación, alegó que el menor “se sentía mal porque había bebido cerveza”.

Oscar, preocupado por la narración de los vecinos de los hechos tal como habían sucedido, preguntó al oficial principal García sobre el estado de salud de Martín, quien le respondió “quedate tranquilo, siempre cuando hay procedimientos algún cachetazo se llevan”.
No obstante,Martín salió muy descompuesto de la comisaría e inclusive durante el viaje en auto hasta su casa, no quería hablar y se quedó dormido.

Una vez en su domicilio, Martín sintió nauseas las cuales le provocaron vómitos.
Oscar recuerda que estaba como adormecido y sin fuerzas.
Pidió hielo para ponerse sobre le chichón que tenía en la cabeza y luego se despidió diciéndole: “te quiero mucho papi, mañana hablamos”.

Durante esa madrugada, el padre fue a verlo a la habitación dos veces y luego a las 7:30 horas se fue a trabajar a su verdulería.
De regreso al mediodía, el día 30 de agosto, a Martín lo encontraron muerto en su cama.

Fuentes judiciales dieron a conocer el resultado de la autopsia, la cual habría revelado que la causa de la muerte de Martín se debía a “uno o varios golpes recibidos en la cabeza, que le habrían provocado un edema cerebral”.
Además de los palazos, también recibió patadas en la cabeza.
Como se puede apreciar, la muerte de Martín tuvo un encadenamiento de responsabilidades que van desde homicidio simple, encubrimiento, falsedad ideológica,hasta el incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Homicidio simple, porque estaría acreditado el motivo de la muerte tal como se instruye en la autopsia y tal como declararon los testigos del hecho, una salvaje golpiza.
La causa de muerte se debió a los múltiples golpes recibidos en la cabeza con un tirante de madera, cuyo brazo ejecutor fue el del estudiante Grecco “; ayudado” por el sgto de la bonaerense, Sandroni.
Los demás cargos, le corresponden imputarse a Morinigo, por no interceder para evitar o en todo caso frenar la golpiza a la que estaba siendo sometido Martín y por ser el encargado de falsear datos en el parte policial.
Al médico policial por incumplimiento, malicia y desidia por abandono de persona en el diagnóstico efectuado en la comisaría cuando revisó a Martín al dar signos, por primera vez, de las consecuencias graves que sufría a causa de los golpes, determinando en la certificación que Martín no había recibido golpe alguno.
El comisario, responsable máximo de la repartición por minimizar el caso y no investigar el procedimiento de sus subalternos, que también de una u otra forma colaboraron para tapar la gravedad del hecho al padre, como el oficial principal García,con: “algún cachetazo se llevan”.

Claro, que no sólo hasta allí llega la cadena de responsabilidades, también la tuvieron los encargados de impartir justicia.

Los jueces Federico Ecke, Osvaldo Rossi y Carlos Santillán del Tribunal Oral N° 4 de San Isidro, encargados del juicio, que comenzó el 2 de mayo pasado, a pesar de todas las pruebas acreditadas por el fiscal Franco Servido, quien había solicitado 17 años de cárcel para Grecco y Sandroni y cinco para Morinigo, desecharon la acusación de un plumazo.

Una de las pruebas consistió en la declaración de un muchacho, preso en la actualidad, que declaró ser el responsable de aquel robo por el que había sido asesinado Martín.

Los jueces determinaron que Ezequiel Fernando Grecco es un asesino al que le corresponden sólo tres años de prisión por “homicidio preterintencional”, para ellos, el estudiante “no tuvo intención de cometerlo”.

A los policías bonaerenses Roberto Sandroni y Julio Morinigo, directamente los absolvieron, por considerar que no se probó la agresión de los mismos.

Cuando llegó el día de leer la sentencia, 23 de mayo, para las 9.30, los jueces se sentaron puntualmente en el estrado, ordenaron cerrar las puertas de la sala y dieron lectura a la sentencia en “tres minutos”, mas sin la presencia de los familiares de la víctima. Evitaron así un justo y necesario reclamo, cara a cara.

Luego, todos se fueron, jueces y acusados,y quedò por sentado y entendido, que lo que primò en definitiva, fue la justicia del garrote.

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