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Montoneros
La Contraofensiva
Por Gabriel Martin
Publicado digitalmente: 30 de agosto de 2003

Luego de la gira que llevó al presidente Néstor Kirchner a Europa y Estados Unidos, finalmente se concretó el rumor de que el mandatario anularía el decreto 1581/01, firmado por Fernando De la Rúa el 5 de diciembre, pocos días antes de huir de la presidencia, el cual impedía a la Justicia tratar cualquier pedido de extradición de los represores y genocidas, rubricando uno nuevo, esta vez el 420/03, de Cooperación Internacional en Materia Penal. Además de Kirchner, suscribieron al decreto Rafael Bielsa, Alberto Fernández y Gustavo Beliz. Inmediatamente comenzaron a desfilar ante el juez federal Canicoba Corral, 45 represores, de alto y mediano rango, igual de merecedores del escarmiento que no tuvieron.

Toda esta maniobra de Kirchner apuntó en realidad para que el Congreso votara la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, tirando toda la presión sobre la Corte Suprema, a quien compete terminar de una vez por todas con la legislación de la impunidad.

A pocas horas de que la Cámara de Diputados votara la nulidad de dichas leyes, Claudio Bonadío, que supo compartir lugar en la servilleta de Carlos Corach junto a Canicoba Corral, decidió, a diferencia de su colega, saltar a la derecha. Bonadío ordenó la detención de los tres sobrevivientes de la comandancia montonera, Mario Eduardo Firmenich, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Cirilo Perdía, en la causa 6.859, sobre las dos operaciones de Contraofensiva lanzadas por Montoneros y de la que sólo sobrevivió Silvia Tolchinsky, hoy residente en España.

El 15 de agosto, Vaca Narvaja fue literalmente secuestrado por dos automóviles civiles, por agentes sin identificación mientras paseaba a su perro por la mañana de Floresta. Similar operatoria sufrió Roberto Perdía cuando circulaba por la calle Tucumán de la ciudad de Buenos Aires. Las casas de ambos fueron allanados en melancólicos procedimientos de la segunda mitad de los ’70, derribando puertas y demás parafernalia. Firmenich no supo de estos sinsabores por estar, aparentemente, en Barcelona. Bonadío ordenó inmediatamente a Interpol la captura internacional del ex máximo comandante de Montoneros. Hasta el día de hoy, Firmenich figura como “prófugo” y se evalúa que estaría en algún lugar de España o Francia, según dijo su abogado Gustavo Maradini Drago, hasta tanto no se pronuncie el juez con claridad. Vaca Narvaja y Perdía permanecen detenidos en la Unidad de Investigación Antiterroristas de la Policía Federal en el porteño barrio de Palermo.

Por qué
Las motivaciones de Bonadío pueden ser calificadas, como mínimo, de un mamarracho judicial, con un sustento

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Mario Eduardo Firmenich.

impresentable salvo por maniobras políticas de la derecha vernácula. Acusa a los ex comandantes, por “dolo eventual”, de tener algún grado de responsabilidad en el secuestro y desaparición de veinte militantes montoneros que ingresaron al país en 1980 en la segunda contraofensiva. Según el magistrado, la Conducción de Montoneros, que ordenó la contraofensiva en 1979, facilitó la captura de los militantes “sin tener en cuenta las condiciones logísticas que garantizaran su seguridad”.

La primer pregunta que cabe hacerse es ¿desde cuándo la Justicia evalúa en un boletín de calificaciones las decisiones tomadas durante una dictadura por una organización en la clandestinidad y desde el extranjero? Si les cabe a los ex comandantes sobrevivientes dar alguna explicación de las decisiones tomadas, será hacia y entre los militantes y no ante un juez. Y sobre este punto, Bonadío resalta que la Conducción Nacional de Montoneros actuó con “dominio de voluntad” ejercido sobre los compañeros que ingresaron al país para ejecutar la

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Gelman.

fallida contraofensiva.

La única verdad es la realidad
La ridícula posición de “dominio de voluntad” es de poco vuelo. La Contraofensiva no fue decidida por dos o tres personas luego de una reunión de un par de horas. El 24 de julio de 1976, el secretario militar a nivel nacional de Montoneros, Horacio Mendizábal, realizó una conferencia de prensa clandestina. Sólo habían pasado tres meses de iniciado el golpe oligárquico-militar, y faltaban tres años para que se ponga en marcha la Contraofensiva.

La conferencia de prensa fue puesta en circulación por la publicación española Cambio 16. Además de caracterizar al coyuntura del momento, con un dictadura que tenía como objetivo “aniquilar a la vanguardia revolucionaria, destruir al peronismo como al movimiento de masas revolucionario”, pilares de la “superación histórica” para la “construcción nacional del socialismo”, Mendizábal señalaba que el enfrentamiento llevaba a una postura “defensiva estratégica” dado que “las fuerzas reaccionarias cuentan globalmente con mayor poder que las fuerzas revolucionarias”. Bonadío señala una supuesta irresponsabilidad de la cúpula montonera, pero apenas iniciado el golpe esta admite que las FF.AA. tienen mayor poder de fuego, por lo que sólo un militante extraviado podría no enterarse de estas apreciaciones y las que vendrían después.

También es durante esa conferencia de prensa, cuando se menciona la idea de la contraofensiva. Dijo Mendizábal: “el campo popular desarrolla el principio de la defensiva táctica, y e este marco, va lentamente preparando las condiciones para la contraofensiva”, respuestas armadas, o políticas como las movilizaciones protagonizadas por las masas de 1980 y 1982.

Mendizábal enumera una serie de fases desarrolladas y a transitar. Ya en la primera, el secretario militar montonero

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Mendizábal.

advierte a la militancia sobre la aplicación sistemática de la tortura, “que denominan medios especiales de interrogatorio”. Este empleo “de la tortura salvaje como método principal para la obtención de datos” es denunciado en más de una vez a lo largo de la conferencia, ya señalando a la ESMA, Campo de Mayo y Campo de la Ribera en Córdoba como principales centros para la tortura y desaparición. Asimismo también destacaba que entre todo ese desastre “el general Corbeta sustentaba la posición del enfrentamiento abierto, legalizando los procedimientos y lograr el aniquilamiento a través del fusilamiento con juicio previo”. No se pasó por alto en aquellas declaraciones, que la lucha no era planteada contra la dictadura sólo en el plano militar, sino en todos los planos políticos y sociales, y que Montoneros tomaba la lucha armada para acoplarse a un proceso popular que finalmente no se dio, como así también destacó Mendizábal que los militantes montoneros no eran sólo milicianos, sino que además desarrollaban cada uno trabajos políticos. “Durante el desarrollo de la etapa defensiva estratégica, no nos planteamos el desarrollo de un ejército de grandes dimensiones, sino una fuerza militar suficiente para hostigar al enemigo (...) Esto constituye la base de conducción sobre la cual se conformara una gran fuerza militar popular cuando avancemos en la contraofensiva”, dijo Mendizábal. Podrá decirse que los cálculos sobre una reacción popular masiva fueron erróneos, pero esto da cuenta de que es innegable que para los militantes (y militares) ya se comenzaba a barajar una contraofensiva armada apenas tres meses de iniciada la dictadura.

En un ejemplar de El Descamisado, editado desde México, la nota “Respuesta popular a la dictadura de los Monopolios” muestra la conformación de la CGT en la Resistencia (CGTR), cuyo objetivo “es conducir desde la clandestinidad la resistencia del movimiento obrero contra la dictadura, e impulsar la construcción del Movimiento de Liberación Nacional”. Sería surrealista pensar en conducir clandestinamente a obreros que permanecían en la superficie, pero también se debe admitir a esta altura que la Contraofensiva era planeada, bien o mal, en lo militar tanto como en lo político.

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Lesgart.

Y si se pretende seguir afirmando que absolutamente toda la militancia estaba ciega, sorda y muda, también hay que poner sobre la mesa que la Carta Abierta a la Junta Militar, de Rodolfo Walsh (24 de marzo de 1977), circuló entre los militantes, por lo que las denuncias de Walsh no quedaron cajoneadas para ver la luz con el retorno de la democracia.

En enero de 1979 salió publicada en la clandestinidad, el número de la revista Evita Montonera, titulada “Organizarse para vencer”. Más allá del triunfalismo vanguardista que puede leerse en sus líneas, resalta que “éramos concientes no obstante que oponerse al avance del enemigo sólo sería posible imponiéndonos un alto costo”, y “sabíamos que el grito de ¡Patria o Muerte! cobraría una dramática realidad”. Explicando el lanzamiento de la Contraofensiva, la CN evaluaba que “no existe posibilidad de derrotar totalmente a la dictadura si no la empujamos a una retirada desordenada”. Ya en la página 11 de esa publicación, el Consejo Nacional del Partido Montonero relata las definiciones adoptadas en octubre de 1978, para estructurar con qué “hemos de encarar la conducción de la Contraofensiva”. Esta decisión fue discutida “por la Conducción Nacional, el Secretariado Nacional, el Estado Mayor Nacional del Ejército Montonero, células partidarias integradas por los compañeros que forman parte del Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero (MPM)”. Queda claro entonces que no fueron un puñado de personas sino que hubo un debate a lo largo de toda la estructura de la organización, por lo que no se puede ya afirmar que la CN trajo de las narices a los militantes prometiéndoles un paraíso, sino más bien todo lo contrario.

El Equipo” consultó a compañeros que aún residen en Europa, llegando hasta Suecia, donde la Contraofensiva llegó a un fuerte debate para 1978. Desde Estocolmo partieron hacia Costa Rica y Nicaragua como paso previo al reingreso a la Argentina, “evaluando el momento en el cual considerásemos que las condiciones estaban dadas”. Algunos, cuando Rodolfo Galimberti se abrió en febrero de 1979, volvieron a su residencia de exilio, pero otros ingresaron al país como miembros de las TEI, otros montando radios de onda corta que operaban en Costa Rica. Todos participaron en menor o mayor grado en la Contraofensiva, y si bien admiten que el disenso era difícil, estaba abierto el debate sobre los pro y contras para arribar a países limítrofes y entrar al país.

“La contraofensiva no fue una orden sino una política. La instrumentación de esa política presentaba muchas debilidades de seguridad, y esto hizo recular a muchos, pero, cada uno de los compañeros que asumió como correcta la política de la contraofensiva era conciente de los riesgos de seguridad que se presentaban y de las

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Miguel Bonasso.

consecuencias”, resalta Silvia Couto, compañera que trabajó en la Secretaría de Relaciones Exteriores de Montoneros en Europa.

Luego de cuatro años de dictadura, miles de desaparecidos, fusilados en falsos enfrentamientos y exiliados, la organización tenía aún un enorme poder de difusión entre la militancia, para que esta se enterara, discutiera y decidiera. A mediados de 1980, se distribuyeron por todo el país 267.000 obleas; 1.115.000 volantes; 74.000 ejemplares del periódico Resistencia; 150.000 cuadernillos de “Resistir es Vencer”; 850.000 volantes con los ocho puntos del MPM; y 94.835 ejemplares de Evita Montonera. Esto es prueba irrefutable de la capacidad de comunicación interna que había.

Mentiras verdaderas
El juez Claudio Bonadío sostendría su teoría de que uno de los tres ex comandantes entregó a los militantes sobre una serie de documentos de la CIA, un informe del Batallón de Inteligencia 601 y el libro de Martín Edwin Andersen, “Dossier Secreto”" periodista y presunto agente de inteligencia estadounidense. Es decir, su único fundamento son pruebas fabricadas por el enemigo, los mismos que hace pocos meses inventaron que Irak poseía un arsenal nuclear. Así de fidedignas son sus fuentes.

Las FF.AA. afirman una y otra vez que toda la documentación sobre secuestros, torturas y desapariciones no existió o fue quemada. Pero casualmente se salvó de las llamas este infame informe del 601. Un documento de 93 carillas caratulado como “estrictamente confidencial”, revela que Ángel Carbajal (Quique) entró a la Argentina el 5 de febrero y fue secuestrado el 21, que Julio César Genoud (Facundo o Raúl) entró el 26 de febrero y fue detenido el 27, y que a Mariana Guangiroli (Toti) y a Verónica Cabilla (Cecilia), les sucedió lo mismo. Señala asimismo a “Ernesto Emilio Manuel Ferré (Chino), jefe del grupo, que había reingresado el 10 de febrero y capturado el 28, a Miriam Antonio (Gringa o Lucía), sobrina de Jorge Antonio, igual que el Chino”. “Raúl Milberg (Ricardo) pasó la frontera el 5 de febrero y fue detenido en la misma casa en que cayeron los anteriores”, consigna, además a Ricardo Marcos Zucker (Pato), quien “regresó de España a comienzos del 80 y cayó en una cita el 29 de febrero”. “Marta Libenson (Ana), cayó igual que el Pato Zucker. Matilde Adela Rodríguez había regresado poco antes de su caída, el 29 de febrero de 1980”.

El informe del 601 también dice: «Es así que entre las bajas producidas durante 1979 se encuentran los DDT (Delincuentes Terroristas) (NG-Nombre de guerra) “Hernán”, (NG) “Willy”, (NG) “Julio”, (NG) “Rolo”, (NG) “La Chancha” y (NG) “Gordo Julio”, lo que resiente seriamente a la BDT -Banda de Delincuentes Terroristas-. Entre las TEA se producen ese mismo año veintiún bajas y entre las TEI, cinco; se secuestra abundante material de ICM y armamento. Todo esto representa un duro golpe, difícil de asimilar, a las estructuras de la BDT. Aproximadamente en noviembre del ’79, los militantes prófugos se repliegan al exterior. El material salvado de la acción de las FFLL (Fuerzas Legales) es depositado en empresas guardamuebles previendo su retiro, para continuar la actividad, entre febrero / marzo del ’80; esto, en gran parte es desbaratado al efectuarse procedimientos sobre dichas empresas y secuestrarse la casi totalidad del material de CIM, Com (Comunicaciones), Arm (Armamentos) y Expl (Explosivos) en ellas depositadas. Las inspecciones a dichas empresas se efectúan en todo el territorio con resultados positivos en Rosario, Santa Fe, Capital Federal y Gran Buenos Aires. Entre el material secuestrado hay gran cantidad de partes de granadas SFM G-5 y G-40 que fueron fabricadas antes del éxodo de los militantes integrantes de la logística de la BDT al exterior (1977)».

El informe mismo señala que luego del repliegue, armamento y demás materiales fueron escondidos en “embutes”, y ellos mismo reconocen que a partir del seguimiento sobre guardamuebles pudieron “tirar de la piola y que fueran cayendo”. Pero arrojan en medio del río revuelto que es el propio Miguel Bonasso quien dijo al juez que uno de los tres ex comandantes fue entregador, incluso deslizando las sospechas sobre Perdía, cosa que Bonasso salió a desmentir inmediatamente, más allá de su disenso junto a Juan Gelman con el MM17 (Movimiento Montonero 17 de Octubre). Lo que Bonasso publicó en Página/12, en agosto de 2002, fue la llamativa precisión del informe del 601, especialmente por correcciones escritas a mano en sus márgenes, que bien podría haber sido de cualquier quebrado con cierto rango. ¿Se puede sospechar que Fernando Vaca Narvaja entregó a los militantes habiendo perdido una quincena de familiares directos en manos de la dictadura genocida?. ¿Vaca Narvaja entregó a sus propios familiares? Seamos serios.

Otra de las farsas que arrojaron ya en aquellos años fue que Mario Eduardo Firmenich había entregado al líder del ERP, Roberto Santucho. La realidad fue que Montoneros estaba por sacar del país a la cúpula del ERP-PRT, hasta que fue masacrada el 19 de julio de 1976. Arnold Kremer, conocido como Luis Mattini, quien tomara un papel preponderante en el PRT desmintió hace años tajantemente que Firmenich o cualquier otro montonero haya “entregado” a Santucho, como querían instalar.

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Vaca Narvaja (foto: reuters)

Más allá de los miles de militantes populares desaparecidos, en lo que atañe a la Contraofensiva de Montoneros, cabría pensar en una capacidad sobrehumana conspirativa de tres personas de la CN, si se tiene en cuenta que la Conducción sufrió la muerte de Domingo Campiglia; María Antonia Berger; Horacio Mendizábal, jefe del Estado Mayor del Ejército Montonero; Armando Croatto, responsable nacional sindical; Guillermo Amarilla, responsable nacional de JP; Adriana Lesgart, responsable nacional de equipos de solidaridad con familiares de presos y perseguidos.

Un demonio con dos cabezas
Esta nueva jugada apunta a instalar una nueva teoría de los años de plomo. El ex presidente Raúl Alfonsín intentó sellar la historia alegando que había un demonio militar enfrentado a otro demonio “terrorista”. Pero la historia le respondió que la guerrilla popular no tuvo un accionar terrorista, y que el único terrorismo que vivió el país fue el terrorismo de Estado. Ya nadie pensante adhiere a semejante pavada. Entonces arrojan la teoría del demonio único que tenía una cabeza por derecha y otra por izquierda, pero un mismo cuerpo. Así como se encargaron de mostrar a Rodolfo Galimberti paseando en una Harley Davidson como prototipo englobante del militante montonero, hoy quieren arrojar que eran todos “servicios”, buches de la dictadura. El resto no entendía nada, eran jóvenes confundidos que acataban órdenes que sus superiores habían consensuado con los represores.

Los muertos en la Segunda Contraofensiva fueron Ángel Carvajal; Julio César Genoud; Eduardo Escabosa; Verónica Cabilla; Mónica Susana Pinus de Binstock; Liliana Goldenberg; Lorenzo Viñas, Padre Jorge Adur, capellán de la organización; Lía Mariana Guangiroli de Genoud; Ernesto Emilio Manuel Ferré Cardoso; Jorge Gullo; Julio Suárez, ex Ministro de Gobierno de San Luis; José Dalmaso López, secretario general. de la CGTR; Ángel Horacio García Pérez; Ricardo Marcos Zucker; Elina Libenson; Míriam Frerchis; Raúl Milberg; Jorge Benítez Rey y Ángel Servando Benítez. Todos fueron detenidos y desaparecidos entre marzo y agosto de 1980.

Estos compañeros desaparecidos no tenían convicción ideológica, según los escribas de la historia de los triunfantes. Ninguno

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Rodolfo Puiggrós.

de ellos, ni en Argentina ni en el exilio, vivieron encerrados en una caja y tenían pleno conocimiento de los riesgos y consecuencias, y así y todo tuvieron la valentía de venir y poner el pecho. Si estaban en lo cierto o equivocados, o si las condiciones estaban o no dadas es otra discusión.

Ejemplo de la convicción y conocimiento de lo que deberían afrontar de ser capturados por los represores, fue reflejado por la revista Vencer Nº 5 de 1980, que relata la noticia confirmada el 4 de agosto de ese año que Liliana Inés Goldenberg y Eduardo Escabosa se suicidaron con la pastilla de cianuro cuando intentaron ingresar al país desde Iguazú en una lancha. Tal vez Bonadío ahora abra una causa sobre misteriosos poderes que ejercían Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía, mediante los cuales obligaron a estos dos compañeros a abrir la boca y tragar el veneno.

El poder de lavado mental sobre militantes formados es sencillamente una estupidez incalificable. El Padre Jorge Adur ingresó a la Argentina previo paso por Brasil y Paraguay. Si hubiese querido, se quedaba en alguno de los puntos que debió transitar, pero siguió adelante con aquello de lo que estaba convencido y comprometido.

Estos son sólo ejemplos de una operación de final trágico. Puede calificarse a Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía de ceguera, miopía, soberbia, y exitistas armados si se quiere. Pero el tramo a tildarlos de “traidores” es más que ancho. La

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Yaguer.

contraofensiva fue llevada adelante luego de extensas discusiones internas, que incluso derivaron en disensos y fracturas, pero bien o mal, los compañeros que la llevaron adelante la consideraban políticamente correcta. Tanto los integrantes de la cúpula como los militantes.

Bonadío afirmó que la “conducción nacional de Montoneros era consciente del riesgo que se corría” al ordenar el regreso al país de los militantes que estaban en el exterior. Queda claro que los militantes también, menos para Bonadío.

En su resolución de detención, uno de los párrafos reza que los miembros de la CN “siempre debían haber tomado todos los recaudos necesarios para que sus decisiones no fueran funcionales a la estructura ilegal de represión organizadas por el gobierno de las fuerzas armadas en el período 1976/83”. Con lo expuesto queda claro que esto no resiste el menor cuestionamiento.

La única contraofensiva que hoy debe evaluar el pueblo es la que ayer, hoy y mañana, implementa la oligarquía ante cadaavance del campo nacional y popular.

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