Página Principal
Página Principal Mapa del Sitio Resumen del Sitio Contactanos Suscribite a nuestro boletín informativo Página Principal
Buscar en el Sitio:  
www.rodolfowalsh.org > Ideas > Artículos









HERRAMIENTAS

 Versión para imprimir de: (El Materialismo Vulgar)

 Generar una versión PDF de: (El Materialismo Vulgar)



Las Desviaciones del Materialismo Histórico
 
Alberto J. Franzoia   
El Materialismo Vulgar
Por Alberto J. Franzoia
(¿Quién es Alberto J. Franzoia?)
Publicado digitalmente: 8 de junio de 2005

El trabajo elaborado por uno de los pioneros de la revolución cubana Armando Hart [1] y presentado el 11 de marzo del año en curso en Reconquista Popular (ver aquí), tiene el gran mérito de exponer a través del caso "Stalin" una de las desviaciones más frecuentes y trágicas que ha experimentado el materialismo histórico de Carlos Marx y Federico Engels.

El llamado "economicismo", "materialismo vulgar" o "materialismo mecanicista" ha estado presente en el panorama intelectual del socialismo científico desde el mismo siglo XIX, por lo que Engels debió advertir tanto a seguidores como adversarios sobre esta cuestión originada, más que en un error irreductible de los fundadores del nuevo paradigma, en la necesidad de combatir por aquellos tiempos una filosofía predominantemente idealista. En realidad, ellos nunca negaron la importancia de la superestructura (campo inmaterial) en su relación dialéctica con la estructura económica, pero la omnipresencia del idealismo, sobretodo alemán, en la interpretación de los fenómenos históricos, los condujo a poner, quizás, un excesivo énfasis en la importancia del abordaje de los factores objetivos (materiales) para arribar a un conocimiento científico. Hart expone una cita sobre el pensamiento de Engels muy interesante por su contenido autocrítico:
"Falta, además, un solo punto, en el que, por lo general, ni Marx ni yo hemos hecho bastante hincapié en nuestros escritos, por lo que la culpa nos corresponde a todos por igual. En lo que nosotros más insistíamos -y no podíamos por menos de hacerlo así- era en derivar de los hechos económicos básicos las ideas políticas, jurídicas, etc., y los actos condicionados por ellas. Y al proceder de esta manera, el contenido nos hacía olvidar la forma, es decir, el proceso de génesis de estas ideas, etc.
Con ello proporcionamos a nuestros adversarios un buen pretexto para sus errores y tergiversaciones"
 [2].

Sin desconocer la significación de la cita, es necesario destacar que existen dos planos de análisis distintos que están presentes tanto en Marx como en Engels. Por un lado realizan análisis teóricos generales, en los que el nivel de abstracción es muy significativo; en ellos nos presentan el funcionamiento de los modos de producción, con predominio del capitalista. Pero, por otra parte, hay análisis que están centrados en situaciones históricas concretas (formaciones sociales), como cuando se refieren al capitalismo inglés del siglo XIX o a la segunda República Francesa. Tener en cuenta esta cuestión es fundamental, ya que el énfasis puesto en lo económico con descuido de los factores subjetivos, sólo es comprobable en los abordajes generales, por lo tanto poco específicos, cuya función es marcar las características esenciales del modo de producción estudiado. Mientras que en situaciones históricas concretas suelen recurrir al juego de las acciones y reacciones entre lo objetivo y lo subjetivo, la estructura económica y la superestructura. En una carta dirigida a J. Bloch Engels resuelve la cuestión con gran claridad:
"Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta -las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada la batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirse en un sistema de dogmas- ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma... El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo.
Frente a los adversarios, teníamos que subrayar este principio cardinal que se negaba, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar la debida importancia a los demás factores que intervienen en el juego de las acciones y reacciones.
Pero, tan pronto como se trataba de exponer una época histórica y, por tanto, de aplicar prácticamente el principio, cambiaba la cosa, y ya no había posibilidad de error..." [3]

Ahora bien, el contenido objetivo de una producción intelectual no podemos determinarlo a través de una confrontación de citas aisladas, sino promoviendo el estudio completo de la misma e identificando el contexto histórico en el que fue gestada. Por lo tanto, a la situación imperante en los estudios filosóficos e históricos durante el siglo XIX en Europa, debemos incorporarle el carácter complejo de la obra considerada. A modo de ejemplo podemos afirmar que en el texto de Marx "Prólogo de contribución a la Crítica de la Economía Política", se puede comprobar la presencia de ese principio cardenal que plantea Engels y que fue fuente de todo tipo de confusiones y tergiversaciones; pero en otros trabajos, como "La lucha de clases en Francia", "Revolución y contrarevolución en Alemania", "Crítica al programa de Gotha" o "El dieciocho brumario de Luis Bonaparte" se evidencia la importancia atribuida a los factores subjetivos de la superestructura. La obra citada en primer término se ubica dentro de lo que definimos como teoría general de la historia, y debe ser entendida como una formulación de "las premisas fundamentales" para su interpretación; estas premisas, en forma mucho más embrionarias, ya habían sido presentadas por ambos en "La ideología alemana". Los cuatro ejemplos posteriores, en cambio, responden a la teoría construida sobre casos específicos, en los que se manifiesta la relación dialéctica entre la estructura y la superestructura, como así también toda la importancia asignada al contexto histórico que ciertos críticos pretenden desconocer.

No resulta para nada extraño que los enemigos del socialismo hayan insistido hasta el cansancio sobre el carácter economicista de la teoría de los científicos y políticos alemanes, pero sí debe llamar a la reflexión, como lo hace Hart, que este equívoco haya tenido cabida en la revolución de 1917, a partir de la gestión estalinista, ya que sobre él cabalgó una gran derrota para los oprimidos y marginados de la tierra.

Decíamos en un trabajo anterior, "¿Neutralidad científica o ciencia comprometida?" [4], que la institucionalización de una versión fraudulenta del materialismo histórico durante el estalinismo fue factor coadyuvante en la derrota experimentada, aunque obviamente no fue el único. El carácter cada vez más positivista (por lo tanto contemplativo y conservador) que adquirió la ciencia en la URSS, junto con la escasa importancia atribuida a los aspectos éticos y culturales en el desarrollo de una sociedad que pretendía ser socialista, dejaron sin respuestas a los soviéticos ante los nuevos desafíos que les presentaría la historia. El retroceso experimentado en los años noventa, después de 70 de iniciada la revolución, sólo era posible a partir de una conducción burocrática que, más allá de las dificultades económicas y políticas, no logró producir una cultura de la solidaridad y una ética revolucionaria superadora de los valores burgueses difundidos por las potencias occidentales. Cuba es exactamente la contracara. Una isla con 10 millones de habitantes, con escasos recursos naturales, aislada del continente durante décadas por el imperialismo norteamericano con la complicidad de gran parte de los gobiernos de América Latina (situación que recién ahora comienza a modificarse), huérfana desde comienzos de los 90 del apoyo económico soviético, ha logrado mantenerse en pie sólo gracias a un liderazgo político que, más allá de méritos y errores, ha sabido fomentar el desarrollo de una superestructura alternativa a la capitalista, en lo que mucho ha tenido que ver la tarea desempeñada por el propio Hart. Habitualmente la intelectualidad conservadora o reformista (cuando no reaccionaria), amparándose en una visión metafísica de la historia, destaca el particular "espíritu solidario del pueblo cubano", pero rara vez se asocia el mismo al desarrollo de la revolución, como si los cubanos nacieran con esa característica.

Creer que los problemas en torno a la revolución socialista son sólo económicos, es una de las falencias que presentan ciertos sectores de la izquierda influenciados, a veces a su pesar, por la versión estalinista que ha recorrido el mundo desde fines de los años 20. Si hasta la revolución de octubre era natural acceder a una visión fragmentaria del pensamiento de Marx y Engels, porque una parte del mismo no había sido publicado ni traducido favoreciendo un reductivismo en el estudio de su obra (recordemos a modo de ejemplo que los "Manuscritos económicos-filosóficos de 1844 recién se publicaron en 1932 y se tradujeron al español en 1960), con la consolidación del proceso iniciado en Rusia y la publicación de las obras completas el panorama no se revirtió en lo inmediato. La política del estado estalinista desalentó el estudio y profundización de los textos que abordan la importancia del factor subjetivo, para promover en su lugar, aquellos que favorecen una interpretación más esquemática y lineal de la historia. Se convirtió en lugar común hablar de un Marx dividido: el de la juventud y el de la madurez. Da la casualidad que el primero, el "inmaduro", produjo algunas de las obras que rescatan la importancia de la subjetividad humana. Precisamente a esa etapa pertenecen las "Tesis sobre Feuerbach" citadas por Hart. Sin embargo, sería un grueso error creer que Marx abandonó esta temática en su madurez.
Los textos que citamos antes representan un claro ejemplo al respecto. Pero algo más interesante aún, es que el último tomo de "El capital" finaliza con un capítulo inconcluso (ya que Marx muere) dedicado a las clases sociales, que como se sabe, son el sujeto transformador de las estructuras económicas. Si estas carecieran de valor como sujetos sociales para el materialismo histórico, tampoco se comprende ni la fundación de la Primera Internacional ni la importancia atribuida posteriormente por Lenin al partido político como instrumentos de la clase trabajadora para realizar la revolución. El economicismo no sólo es una visión vulgar del materialismo, sino que deriva necesariamente en un reformismo que deja libradas a las masas a una acción espontánea con amplias posibilidades de fracaso.

Si bien acordamos con Hart en la línea metodológica y teórica que traza (Marx-Emgels-Lenin), es necesario señalar una omisión que, desde nuestro punto de vista, resulta esencial a la hora de evaluar las producciones realizados en el plano internacional sobre la significación de la superestructura. Concretamente no podemos excluir a Antonio Gramsci, ya que ha realizado algunos de los aportes más lucidos sobre esta cuestión. Precisamente fue él uno de los grandes excluidos durante las décadas en las que el panorama editorial del materialismo histórico estaba dominado por seguidores y empleados de la burocracia soviética.
Su producción no casualmente comienza a editarse y difundirse por el mundo a partir de los años 60, es decir con posteridad a la muerte de Stalin y cuando las visiones alternativas a la estalinista ganan terreno. Gramsci nos confirma el carácter totalizador que debe tener la metodología para abordar a Marx:
"La pretensión (presentada como postulado esencial del materialismo histórico) de presentar y exponer toda fluctuación de la política y de la ideología como expresión inmediata de la estructura tiene que ser combatida en la teoría como un infantilismo primitivo, y en la práctica hay que combatirla con el testimonio auténtico de Marx, escritor de obras políticas e históricas concretas. A este respecto son de especial importancia el 18 Brumario y los escritos acerca de la Cuestión oriental, pero también otros (Revolución y contrarrevolución en Alemania, La guerra civil en Francia y otros menores). Un análisis de estas obras permite fijar mejor la metodología histórica marxista, integrando, iluminando e interpretando, las afirmaciones teóricas dispersas por todas las obras.
Así podrá observarse cuántas cautelas reales introduce Marx en sus investigaciones concretas, cautelas que no pueden formularse en obras generales" [5]

Gramsci desarrolló su teoría tomando como eje de la misma al "bloque histórico", concepto que da cuenta de la articulación entre la estructura económica, con sus distintas clases sociales, y la superestructura. Pero ésta última es mucho más que un conjunto de ideas que simplemente se manifiestan como el reflejo casi mecánico de la estructura. Por el contrario, representa un mundo con relativa autonomía, compuesto por la sociedad política y la sociedad civil. Si bien la diferencia entre ambas, tal como habitualmente la han planteado los intérpretes de pensador italiano, se relaciona con la división entre las instituciones estatales y privadas, resultan mucho más significativas las funciones que cumplen una y otra.
La sociedad civil es el espacio en el que se construyen los consensos necesarios para que una clase como la burguesía, dominante en el plano económico, logre a través de sus ideas conducir al conjunto de la sociedad para la realización de sus intereses de clase, presentando a éstos como intereses generales de la nación. Esa conducción intelectual recibe el nombre de hegemonía y es fundamental para la estabilidad y reproducción de la sociedad capitalista; en dicho proceso adquiere toda su importancia la tarea de los intelectuales orgánicos de la clase dominante, favoreciendo la articulación entre el poder económico de ésta y el control cultural. Pero cuando la clase subalterna o dominada no acata esta conducción, o en períodos de crisis generalizada, se vuelve imprescindible recurrir a la sociedad política, que es el espacio en el que se manifiesta la cohersión. El uso de la fuerza va en auxilio de una conducción cultural, que no resulta suficiente para garantizar la continuidad del bloque histórico.

Si bien la producción teórica de Gramsci es riquísima y da lugar para variados abordajes, hay una cuestión esencial para construir alternativas a la conducción de la clase dominante, ya se trate de un país capitalista desarrollado como de uno dependiente y subdesarrollado. Efectivamente, Gramsci planteó la contrahegemonía que pueden gestar la clase dominada y sus aliados y visualizó el inestimable aporte que deben realizar los intelectuales. Por supuesto, y como ya lo hemos planteado en un trabajo anterior [6], no considera a estos como una clase social o bloque homogéneo, sino como pertenecientes o vinculados a distintas clases. La hegemonía de la burguesía (la oligarquía en nuestra patria) es construida por intelectuales que actúan como agentes de la superestructura, pero en la producción de una conducción alternativa ejercida por los dominados, es fundamental contar también con intelectuales que cumplan su función. Esto es relevante sobre todo en aquellos países donde la sociedad civil (que incluye a todas las instituciones privadas) ha alcanzado un desarrollo por lo menos aceptable, cosa que no sólo ocurre en las naciones centrales. El intelectual favorece con su trabajo específico, la producción y difusión de una visión de mundo (ideología, cultura en sentido restringido) propia de los dominados. Esta visión si bien ya está presente en forma más precaria en manifestaciones populares como el sentido común y el folklore, debe ser elaborada y sistematizada como filosofía (que es la expresión más racional de una ideología). Para que la clase dominada (y sus aliados) pueda alcanzar el poder y ejercerlo, es imprescindible que sea capaz de crear las condiciones para una cultura alternativa.
Aún en aquellos países en los que la sociedad civil es precaria y la fuerza ocupa un lugar preponderante en el proceso revolucionario, llega un momento en que el estado debe propiciar su desarrollo para garantizar la continuidad del mismo.
Por esta razón, el proceso llevado adelante por Stalin y sus seguidores, guiados por un materialismo vulgar, es muy poco aconsejable para el socialismo.
Además resulta necesario destacar, que para Gramsci el valor de una filosofía está en estrecha relación con los efectos pertinentes que produce:
"...Puede decirse que el valor histórico de una filosofía es a partir de la eficacia que ha conquistado (y debe entenderse en sentido amplio). Si es verdad que toda filosofía es expresión de una sociedad, tendría que reaccionar sobre la sociedad determinar ciertos efectos positivos y negativos, la medida en la cual reacciona es precisamente la medida de su alcance histórico, de no ser individual, sino " [7]

En la Argentina de los años 30 hubo un grupo de intelectuales que con su trabajo favoreció el desarrollo de una visión de mundo alternativa a la dominante. Si bien no necesitaron leer a Gramsci para descubrir el papel que desempeñan las ideas en la conducción de una sociedad, cumplieron cabalmente con las tareas señaladas por éste.
FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) desempeñó una labor formidable en la gestación de condiciones culturales para que el cambio revolucionario se iniciara en la década siguiente. No se trataba de una revolución socialista, pero sí era el inicio de un proceso de liberación nacional que, como sabemos, es el paso inicial para la liberación social en los países dependientes. A la cultura liberal, hasta ese momento dominante, del bloque histórico conducido por la alianza entre la oligarquía nativa y la burguesía de los países centrales (con el predominio de Gran Bretaña), se le opuso un nuevo bloque nacional y popular con fuerte presencia obrera pero conducido por una ideología nacional-burguesa (expresada fundamentalmente por un sector del ejército), que en un primer momento cumplió una función positiva.
Agotada la etapa en que esa visión de mundo podía dar respuestas satisfactorias a la realidad nacional, se imponía una profundización del proceso revolucionario adoptando decisiones políticas que superasen el estrecho marco de las ideas burguesas. Pero para que esas decisiones integren la agenda de una política nacional y popular, resulta imprescindible favorecer el desarrollo de una visión de mundo propia de los trabajadores. La misma si bien tuvo una presencia embrionaria no se había desarrollado y articulado en su nivel más elevado (como filosofía) y, por lo tanto, estaba imposibilitada de lograr la hegemonía. Por otra parte, cuando no existe un contexto cultural propicio, las políticas nuevas (si es que son adoptadas) pueden carecer del apoyo popular necesario, convirtiéndose en decisiones de elites que se alejan peligrosamente de las masas. La racionalización del consumo que debió adoptar el gobierno de Fidel Castro para superar la crisis de los noventa, sólo fue posible gracias a la existencia de ese clima cultural previo, de lo contrario el régimen hubiese desembocado en un peligroso aislamiento con previsibles convulsiones sociales.
También el triunfo electoral del Frente Amplio fue producto de una paciente tarea cultural que modificó el mapa político de Uruguay, tarea nada menor si recordamos que Galeano define a sus compatriotas como "conservadores anarquistas".

Desde ya, el materialismo vulgar adoptado por marxistas primitivos, no es la única desviación observable en el panorama internacional y nacional a lo largo de la historia.
No podemos olvidar que en el extremo contrario se ubica el voluntarismo o subjetivismo propio de los ultraizquierdistas. Si unos descuidan el papel de los sujetos en la construcción de la historia, los otros olvidan las condiciones objetivas que actúan como límite de dicha construcción. En este trabajo consideramos los límites del economicismo porque sus seguidores son los que han tenido mayores posibilidades de ejercer el poder, mientras que la ultraizquierda, por sus propias limitaciones, no suele superar la condición de eterna oposición. De todas formas, tanto el voluntarismo como aquellas interpretaciones que le adjudican al materialismo histórico un enfoque unilineal de la historia, lo que lo conduciría a un ineludible eurocentrismo, merecen un capítulo a parte pues representan otras desviaciones posibles.

Para cerrar este análisis es necesario destacar que cuando una revolución resulta inconclusa o directamente fracasa, se suelen escuchar argumentos de sus partidarios en los que se pone el acento en la acción de los enemigos para justificar la derrota, sin embargo, deberíamos prestar mayor atención a las propias falencias para lograr una comprensión más objetiva de los hechos. Sólo así podremos generar las condiciones para un nuevo proceso político con posibilidades ciertas de materializar los objetivos perseguidos. La historia de las revoluciones populares demuestra que cuando las decisiones políticas no van acompañadas de una profunda acción cultural o ideológica, el cambio estructural es abortado. Hart, vinculado a la educación y la cultura desde los inicios de la revolución cubana lo manifiesta con absoluta firmeza:
"No hay posibilidad de revolución sin un fundamento en la cultura. Si los políticos se dieran cuenta de la fuerza que tiene la cultura, harían cultura por política. Nosotros tuvimos la suerte en Cuba de que el hombre más grande de la política cubana en el siglo XIX, fue también el hombre más grande en la cultura.
Fue Martí, una conjugación en un hombre de una estatura cultural e intelectual enorme y, al mismo tiempo, un estratega con capacidad de hacer política" [8].

Alberto J. Franzoia
albertofranzoia@yahoo.com.ar
La Plata, abril de 2005

NOTAS:

[1] Armando Hart Dávalos es uno de los fundadores del Movimiento 26 de julio. Con el triunfo de la Revolución Cubana es designado Ministro de Educación hasta 1965. Dirige durante los años iniciales del proceso la campaña de alfabetización más importante que se haya realizado en América Latina. Fue Ministro de Cultura entre 1976 y 1997. Preside la Sociedad Cultural José Martí y es miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba. Ha publicado diversas obras destacando la importancia de la cultura para la revolución. Entre las más recientes se encuentran: "Hacia una dimensión cultural del desarrollo" (1996), "Cultura para el desarrollo, el desafío del siglo XXI" (2001) y "Ética, cultura y política" (2001).
Premiado en su país y en el extranjero, recibe el 20 de mayo de 2003 el título Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuba.

[2] Armando Hart, "José Stalin", Foro Reconquista Popular, 11 de marzo de 2005.

[3] Federico Engels, Carta a Blosh, en "Estado y sociedad en el pensamiento clásico" de Portantiero y De Ipola, pag 147, Editorial Cántaro.

[4] Alberto Franzoia, "Neutralidad científica o ciencia comprometida", Foro Reconquista Popular, marzo de 2005.

[5] Antonio Gramsci, "Antología", pag. 276, Editorial Siglo XXI, 1999.

[6] Alberto Franzoia, "¿Qué cosa son los intelectuales?", Foro Reconquista Popular, noviembre de 2004.

[7] Antonio Gramsci, Ibídem, pag. 275, 1999.

[8] Armando Hart: Reportaje, publicado digitalmente en www.prensa.unc.edu.ar, el 29 de mayo de 2003.


© Alberto J. Franzoia
Todos Los Derechos Reservados
Para reproducir citar la fuente.
Artículos
. Carta de un teólogo ecuatoriano a la Venezuela bolivariana
. La Revolución Rusa
. Rodolfo Walsh: Su pensamiento político
. Arequito: El Ejército se identifica con el pueblo
. El inicio de la lucha contra la viruela por el Canónigo Saturnino Segurola
. Qué se dijo sobre el 17 de Octubre
. Don Bernardo de Irigoyen
. El Legado de Jorge Abelardo Ramos
. Israel y Palestina: Antecedentes
. Los intelectuales y la utopía
. Friedrich List: Poder Nacional en las raíces del pensamiento de Perón
. Hernández Arregui, ese lanzallamas
. Los límites del pensamiento de Jaguaribe
. «Populista», un nuevo insulto
. La integración de América en el pensamiento de Perón
. La Unidad de la América Indo-Española
. Hans Küng: el fígaro de Cristo
. Hegel, Marx y la Diálectica
. Hamlet: La lucha del ser y el poder de las pasiones
. Lazos de familia
. El Liberalismo o el egoísmo como móvil de la actividad humana
. En nombre de Alá
. Los locos de adentro y la locura de afuera
. El Mundo Árabe
. El regreso de un doxósofo
. Las Maras: Panorama callejero centroamericano
. De la tradición gauchesca a la emergencia de la ciudad
. Historia de la Sociología en Argentina
. Respetar la diversidad cultural
. La independencia política en la independencia semántica
. América Latina: sus tradiciones populares
. Carta abierta a Norberto Galasso
. El problema de la revolución socialista en los países atrasados
. Spilimbergo y su mirada alternativa sobre la "Comunidad Organizada"
. China: El Partido Comunista en el poder (1949-1960)
. La Revolución China
. Güemes y la "gente decente" de Salta
. "¡Hay que olvidarse del peronismo!".... (¿hay que olvidarse del peronismo?)
. El año uno de la era Latinoamericana
. El Eurocentrismo
. La Revolución de Mayo
. San Martín no fue masón
. La simbología nazi del Imperio
. Historia Universal de la infamia
. De Nixon a Bush II: para entender al Imperio
. El imperio en 2005
. No hay choque de civilizaciones
. Carta Abierta a José Saramago
. Jornada Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles
. Contra el burocratismo
. La teoría de los doxósofos
. Ayudar a los pobres beneficia a los ricos
. Tilingos
. De la caminata a la revolución
. Un replanteamiento sobre la maldición de los recursos
. La base económica del poder imperial
. Estamos viviendo en un imperio sin fronteras
. Apuntes para la Militancia
. "¿Globalización, imperio o imperialismo? Un debate contemporáneo?"
. Apuntes para una introducción y una iniciación en el estudio de la filosofía y de la historia de la cultura
. Los ojos del Duce
. El Control de los Medios de Comunicación
Ir a la sección: Artículos

 
Investigaciones Rodolfo Walsh