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HERRAMIENTAS

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Cada vez "más sofisticados" los grupos insurgentes, admite Estados Unidos
El "nuevo Irak", más violento que nunca
Por Robert Fisk
Publicado digitalmente: 3 de agosto de 2004

Bagdad, 27 de julio. El olor de los muertos se filtra hacia la calle a través de los ductos del aire acondicionado. Caliente, dulce, abrumador. En la morgue de Bagdad hay tantos cadáveres que los refrigeradores no bastan. Hay cuerpos en el piso por docenas.
Afuera, en el calor de 36 grados, Qadum Ganawi me cuenta cómo asesinaron a su hermano: "Traía a casa la cena para nuestra familia, en la calle Palestina, pero jamás lle-gó. Luego recibimos una llamada en la que nos dijeron que lo tendríamos de vuelta si pagábamos 50 mil dólares. Vendimos parte de la casa y muchas de nuestras cosas, pedimos prestados 15 mil dólares y le dimos el dinero a un hombre que traía cubierta la cabeza con una pañoleta de las llamadas kuffiah. Luego nos llamaron de nuevo para de-cirnos que Asan estaba en la estación de policía de Saidiyeh. Y sí, allí estaba. Estaba vendado de los ojos y amordazado, y tenía dos balas en la cabeza. Tomaron nuestro dinero y luego lo mataron."

Se escucha un gemido de dolor detrás de nosotros, en el patio donde 50 personas esperan bajo la sombra del forense de Bagdad. Hay ataúdes de madera apilados contra la pared, del lado de la calle. Ancianos -padres y tíos de los muertos- los forran de papel. Cuando entreguen los cuerpos, los llevarán a la mezquita en los ataúdes, pero los enterrarán en sudarios. Hay unas cuantas mujeres; la mayoría lanzan al intruso extranjero miradas cargadas de algo parecido al veneno.

Las estadísticas de muertes violentas en Bagdad van más allá de lo vergonzoso. Hace casi un año llegaba a haber 400 muertes violentas en un mes, número de por sí espantoso después de la invasión angloestadunidense. Pero tan solo en los primeros días de julio fueron llevados a la morgue de la capital los cadáveres de 215 hombres y mujeres, casi todos con heridas de arma de fuego.

En los segundos 10 días de este mes llegaron otros 291 cuerpos. Es decir, 506 muertes violentas en menos de tres semanas, sólo en Bagdad. Hasta los funcionarios iraquíes mueven la cabeza, incrédulos. El "nuevo Irak", con su primer ministro designado por Washington, es más violento que nunca.

Qadum Ganawi me pone la mano en el brazo: "Escuche, mi hermano tenía dos ni-ños pequeños. Uno tiene sólo un año. Vendimos nuestra casa y pedimos 15 mil dólares prestados. ¿Cómo vamos a pagarlos? Y lo único que nos queda es el dolor de haber perdido a mi querido hermano. Como era importador de automóviles, creían que era rico. No lo era. Y sabe, su esposa es siria. Se fue a su país de vacaciones con los dos be-bés. Todavía está allá. No sabe lo que le pasó a su marido".

Llegan a la calle de al lado una pick-up y un camión pequeño, con cadáveres para la autopsia. Tony Blair dice que Irak es ahora más seguro. Se equivoca: cada mes se perpetra una matanza en Bagdad. Ladrones, secuestradores, saqueadores, soldados estadunidenses en retenes y convoyes, asesinos por venganza, insurgentes: entre todos ma-tan a los pobladores de esta ciudad más aprisa que nunca. A un hombre le quitó la vida un soldado estadunidense porque se le atravesó a un convoy, camino a su boda en Bagdad. Sólo nos enteramos porque el casamiento se iba a celebrar en un hotel donde se alojan periodistas. Otra muerte que descubrí fue cuando un viejo amigo iraquí me llamó, la semana pasada. Quería que lo ayudara a salir de Irak. Rápido. De inmediato.

"Trabajo para los estadunidenses en el aeropuerto, pero creo que estoy frito si me quedo." ¿Por qué? "Porque mi tío también trabajaba en el aeropuerto para ellos. Se llamaba Abdullah Mohi. La otra noche iba en su auto a casa, pero lo detuvieron unos cien metros antes de llegar. Sacaron un cuchillo y le rebanaron la garganta. Lo encontramos empapado de sangre ante el volante." Abbas me miró con la muerte en los ojos. "Debo irme a Jordania. Ayúdeme."

En la morgue se me acerca un hombre alto y corpulento, Amr Daher. "Mataron a uno de nuestros líderes de la tribu de Dulaimi", me informa. "Esta mañana, en plena plaza Al Kut, hace escasas dos horas." Selman Hassam Salume iba en coche con sus dos hijos adolescentes cuando tres hombres armados se les emparejaron en otro auto y lo mataron a tiros, así nada más. Los dos hijos resultaron heridos, uno de gravedad.

Los registros del hospital sólo cuentan parte de la historia. En el calor ardiente del verano iraquí, algunas familias sepultan a sus muertos sin notificar a las autoridades. Algunos cuerpos jamás son identificados ni reclamados. Cuando los estadunidenses los traen cadáveres, no hay autopsias. Los em-pleados del forense no dicen por qué. Sin embargo, el Ministerio de Salud ha ordenado a los médicos que en esos casos no practiquen autopsias porque ya los estadunidenses lo hicieron. No hace mucho tiempo fuerzas estadunidenses llevaron seis cadáveres. Tres no estaban identificados. Tres tenían nombre, pero no se había encontrado a los deudos. Todos habían sufrido, según los registros de los soldados, "heridas traumáticas en la cabeza", frase de rutina para heridas de bala. No hubo autopsias.

La muerte es ahora tan rutinaria que inclusive la más trágica se vuelve nota marginal. Un tanque estadunidense choca con un autobús, en el norte de la capital. Siete civiles perecen. Los estadunidenses acceden a abrir una investigación. Apenas merece un párrafo en la prensa local. Hace cuatro días, un tanque M1A1 Abrams que cruzaba la carretera en Abu Ghraib se estrelló con un automóvil en el que viajaban dos muchachas y su mamá; las tres murieron aplastadas. El caso ni siquiera llegó a los noticieros en Bagdad. No es extraño que las potencias ocupantes -o las "fuerzas internacionales", co-mo ahora debemos llamarlas- se nieguen de manera persistente a revelar estadísticas de muertos iraquíes: sólo los propios.

Los decesos de los que sí nos enteramos en estas 36 horas pasadas forman una lectura estremecedora. En Mahmudiyah, al sur de Bagdad, hombres armados mataron a dos policías iraquíes que se dirigían a su estación. En Kirkuk, el policía iraquí Luay Ab-dullah fue asesinado a tiros cuando aguardaba que lo llevaran a su casa después de estar de guardia en un oleoducto. Una kurda y sus dos hijos perecieron cuando alguien barrió con balas la casa donde vivían, en esa misma ciudad. Un guerrillero peshmerga kurdo mu-rió tiroteado desde un auto en movimiento. En Buhriz, horas de combates entre insurgentes y soldados estadunidenses dejaron 15 muertos, según las fuerzas ocupantes. Todos, dijeron, eran hombres armados, aunque casi siempre trasciende que entre las víctimas de tales batallas hay civiles.

De acuerdo con documentos estadunidenses, los insurgentes "se han vuelto más sofisticados y puede que estén coordinando sus esfuerzos anticoalición (sic), con lo cual representan una amenaza todavía mayor". Han aumentado los tiroteos desde autos en movimiento. Y, en lo que es un escalofriante recordatorio para quienes pretenden entrar o salir de Bagdad por aire, los estadunidenses creen que "ataques recientes en vehículos aéreos sugieren que todo tipo de aeronave, sea civil, de ala fija o militar... se considera blanco potencial de oportunidad".

Así pues, la guerra empeora. Las bajas aumentan semana a semana. Y Tony Blair cree que Irak es más seguro.


© The Independent
Traducción: Jorge Anaya (La Jornada)
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